Para que las cosas queden claras desde el principio, advierto que en esta reflexión voy a trabajar con la siguiente hipótesis: “Dentro del gremio de los economistas hay dos formas generales de entender qué es la economía, que denominaremos respectivamente corriente heterodoxa o crítica y corriente ortodoxa o convencional. Como consecuencia de la hegemonía en el plano académico y político de la segunda de ellas, una gran parte de los economistas miente a los ciudadanos haciendo pasar por verdades absolutas sus propios argumentos no probados, justificando así determinadas políticas económicas y sus efectos. No obstante, este fenómeno no es consciente ni planificado en la gran mayor parte de los casos, sino que es el resultado lógico de una determinada concepción de lo que es la Ciencia Social”.

No cabe duda de que la profesión de economista es actualmente una de las más desprestigiadas del mundo. Se dice, y con cierta dosis de razón, que la verdadera tarea del economista debería ser la propia del forense, pues lo único que predice con exactitud es el pasado. Y para sustentar esta acusación tenemos todos los modelos de riesgo financiero, que nada supieron decir de la última crisis, o las continuas modificaciones en las predicciones económicas de los organismos tanto internacionales como nacionales.

Otros sostenemos que los economistas somos como los geólogos: podemos decir qué tipo de elementos, en interrelación, pueden dar lugar a crisis, pero es imposible acertar en el momento exacto en que eso ocurrirá. Dos visiones radicalmente distintas que nacen y se separan en algún punto del análisis científico, pero que definitivamente no hacen sino simbolizar la falta absoluta de homogeneidad intelectual en la profesión.

Para explicarlo nos interesa abstraer todas las teorías económicas importantes a sus postulados básicos. Así, a partir del criterio que ahora describiré, dejamos dos grandes grupos. Al primero le llamaremos Economía Ortodoxa (EO), por su hegemonía en la actualidad, y al segundo lo llamaremos Economía Heterodoxa (EH). Soy consciente de que los nombres son arbitrarios, pero a efectos de esta exposición concreta entiendo que resulta plenamente válido.

La EO se caracteriza por definir a la economía como “la ciencia que estudia la asignación eficiente de recursos escasos”. Se entiende que vivimos en una sociedad con recursos escasos que deben asignarse de acuerdo a unos criterios determinados que, de forma adecuada, deben tener como efecto prioritario la consecución del objetivo fundamental: el crecimiento económico. Para hacerlo más gráfico podemos pensar en la sociedad como una inmensa maquinaria que debe mantenerse en funcionamiento de forma permanente (crecimiento económico), para lo cual es necesario engrasar (ajustar) sus mecanismos (mercados) y elementos (sujetos: individuos y empresas) de la forma más óptima posible. Si la economía se estanca o entra en crisis (crecimiento económico cero o decreciente), o parece que tiende a ello, es necesario llevar a cabo políticas de ajuste que reactiven la máquina.

La EH, en cambio, define a la economía como “la ciencia que se encarga de los procesos de producción, distribución, intercambio y consumo”. El objetivo, por lo tanto, ya no está definido de forma implícita como antes, y cambiará en función de la relación de fuerzas en la sociedad. Se puede producir más o menos, o distribuir mejor o peor, en función de las preferencias de los sujetos sociales.

En este punto es fundamental percatarse de una diferencia subyacente de suma importancia. La EO considera que la Ciencia Económica es en cierta medida autónoma del resto de ciencias sociales y que, en última instancia, puede emplear los métodos de análisis de cualquier ciencia exacta (en particular la física). En cambio, la EH considera que para entender la economía se debe prestar atención, en mayor o menor medida según escuelas de pensamiento, a otras ramas de la ciencia social: historia, antropología, psicología, etc.

Tradicionalmente se cree que la EO, donde incluimos a la teoría neoclásica, es la única que utiliza modelos matemáticos, en oposición a las teorías de simple y llana retórica. Nada más lejos de la verdad. Tanto la EO como la EH utilizan modelos abstractos y se sirven de las matemáticas para desarrollarlos. La diferencia está en la intensidad y en la comprensión de sus limitaciones.

Así, como para la EO el objetivo es irrenunciable (el crecimiento económico), todos los supuestos metodológicos se desarrollan en esa línea: el deseo irrefrenable de consumir y producir y la maximización de funciones matemáticas para prácticamente todo. Sin embargo, la EH también utiliza matemáticas y técnicas estadísticas y econométricas, aunque teniendo presente sus limitaciones y adaptándolas al concepto de ciencia social que asume.

No en vano, el ciclo del capital de Marx (recordemos: D-M-…P…-M’-D’) no es sino un modelo abstracto que poco a poco se va desarrollando hasta pretender dar explicación de cómo funciona el sistema económico capitalista. Y aquí tenemos otra diferencia crucial, heredada de la distinta concepción sobre qué es ciencia social, y que trata sobre el contexto en el que se producen los hechos económicos. Mientras que para la EO nos encontramos ante una sociedad inmóvil en un sentido histórico (una maquinaria que debe funcionar continuamente y que además puede hacerlo), para la EH nos encontramos ante una sociedad histórica determinada (el capitalismo) que se caracteriza por tener una dinámica propia que es posible estudiar (papel de las tasas de ganancia, tendencia a las crisis, etc.).

Como consecuencia la labor de los economistas asociados a las distintas corrientes distan mucho de ser parecida. Los economistas de la EO buscarán en todo momento ajustar el sistema económico (ser más competitivo, facilitar la compra y venta de mercancías –y cómo no de las mercancías-trabajadores-, gestionar el Estado para crear un contexto social adecuado –enseñanza apropiada, control de la violencia…-, etc.). El fin es, en todo momento y aunque no siempre se revele, el crecimiento económico. Aplican esquemas, que por supuesto pueden variar (en este sentido tanto keynesianos como neoliberales son partes integrantes, aunque distintas, de la EO), que en última instancia responden a las mismas razones: intentar describir cómo funciona realmente la máquina para que no se pare o vaya más rápido.

En cambio, los economistas de la EH buscan comprender la realidad a partir de otra concepción de la sociedad misma, y utilizan sus enseñanzas para, por lo general, mejorar el bienestar de la población. Y es que para los economistas de la EH el crecimiento económico no es sinónimo de bienestar, siendo incluso para muchos directamente antagónico.

Ambas corrientes tienen una carga ideológica profunda. Es tan ideológico buscar una mejor distribución de la renta como aspirar continuamente al crecimiento económico, pasando desde luego por aquellos que buscan priorizar el medio ambiente. Y ambas corrientes buscan representar la realidad a través de modelos y ayudándose de las técnicas que consideran más convenientes, y eso incluye a las matemáticas y a la historia, por ejemplo.

Sin embargo, en nuestros tiempos la Ciencia Natural y su áurea de legitimidad absoluta dominan todo el escenario social, habiendo sustituido a la religión en casi todas las prácticas cotidianas. Su imitación en ciencia social, por lo tanto, y los modelos matemáticos que buscan maximizar las ganancias y que concluyen resultados claros y numéricos son profundamente admirados. Y muchos economistas, abducidos por la facilidad en la aplicación de modelos econométricos e inconscientes de sus limitaciones para representar la realidad, han quedado prendados de la EO sin saber, sin embargo, que están engañando a sus oyentes y lectores.

Y es que las consecuencias de las dos formas de entender la economía van más allá de lo metodológico. Salta a la vista, por ejemplo, que la EO beneficia al status quo y al orden social existente, sea cual sea. Sin embargo, los economistas de la EH ponen en entredicho la perdurabilidad infinita de dicho sistema e introducen críticas incluso al corazón propio del sistema y del orden social imperante.

Por lo tanto, si partimos de la hipótesis de que nuestro mundo está desigualmente distribuido en términos de poder, fuerza y economía, o incluso dividido entre explotados y explotadores o clase trabajadoras y clase capitalista, estamos obligados a reconocer a quiénes salen beneficiados y perjudicados con el dominio de la visión de la economía que propugnan los economistas de la corriente ortodoxa. La EO, dominante, consigue entonces legitimar y justificar el orden social existente, y impidiendo así introducir ninguna crítica a dicho orden dentro de su marco.

Finalmente, concluyo, considero que debemos movernos dentro de la economía crítica o heterodoxa por dos razones fundamentales: porque comprenderemos mucho mejor la realidad social y los hechos económicos en particular, y porque ello nos proporcionará las herramientas para cambiar esta injusta sociedad y este sistema económico en particular.

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Comentarios

  1. Aplauso,

    Texto muy recomendable para exponer la división que imponen ciertas económicas al despejar al hombre de la ecuación en su estudio, intentando pasar (como bien comentas) una ciencia social por ciencia natural en sus métodos, y reduciéndo a un problema de optimización su objetivo (correcta asignación recursos escasos para crecimiento continuo). Tengo entendido que esta es la corriente mayoritaria que se enseña en las universidades, y así nos luce el pelo.

    1. Quisiera que profundizaras un poco más, en que entiendes por “la EH …. utilizan sus enseñanzas para … mejorar el bienestar de la población”. Permíteme la arrogancia de afirmar que por tu posición pro-EH (entiendo yo), abogas por que los resultados que la EH arroje deberían ser tomados por los políticos para maximizar el bienestar de la población.

    2. Sea positiva o negativa tu respuesta a (1), permíteme presentar aquí una crítica a la búsqueda del bienestar: Hablar de bienestar es entrar en el marco de la ética. El propio lexema de la palabra bienestar es ‘bien’, y es la ética (o la moral … aceptamos barco :D) la que se preocupa del estudio sobre el bien y el mal, lo que debe considerarse bueno o lo que debe considerarse malo.

    A la hora de hablar de bienestar también se produce una separación (al estilo EO/EH), entre los que consideran que existe un bienestar objetivo (también llamado bienestar social) y los que consideran que es una falacia hablar del bienestar en términos generales pues el bienestar es una medida de la felicidad y nadie está en posición de decidir qué hace más feliz a una u otra persona. De abogar por el bienestar en términos sociales o individuales surgen también distintas corrientes de Economía Política.

    3. Personalmente me decanto por tomar el bienestar como un asunto subjetivo, y es por ello que, entiendo que la única recomendación a hacer al gobierno para maximizar el bienestar subjetivo todas y cada una de las persona pasa por la no-coacción, pero esto ya es otro debate :D.

    4. Tras leer el artículo discrepo profundamente del subtítulo “una crítica radical a los economistas liberales”, pues el lector entiende que incluyes a TODOS los liberales en el saco de la EO y esto no es así para los austríacos por ejemplo. Voy más allá igual hubiera sido más acertado … ‘un poné’ ;D … el subtítulo “una crítica radical a monetaristas, neoliberales y econometristas”.

  2. Muy brillante.

  3. En primer lugar, he de aclarar que no me gustan las etiquetas, no estoy de acuerdo en dividir la política entre izquierda ni derecha, la sociedad entre explotadores y explotados ni a los economistas entre ortodoxos y heterodoxos, no me gusta limitar mis pensamientos a una corriente ideológica que los acota y los dirige, sin embargo debido a su exposición voy a intentar hacer una división más apropiada y muy infravalorada en nuestro país, y es la división independientemente de su corriente ideológica entre buenos economistas y economistas mediocres.
    Ante esto cabe preguntarse ¿Quién dirige la política económica realmente un país? ¿Quiénes toman las últimas decisiones? ¿son economistas o son políticos? La respuesta es obvia y la conocemos todos, vivimos en un país democrático y por tanto las últimas decisiones la toman los políticos en base a consejos de economistas (buenos o mediocres) y atendiendo múltiples objetivos que no tienen siempre que coincidir con la política económica. Por tanto, en las diferentes crisis económicas que han azotado a los países a lo largo de la historia y concretamente la que actualmente estamos viviendo, hay que cargar con gran parte de la responsabilidad a los que finalmente toman las decisiones, los políticos y también distinguir entre buenos políticos y políticos mediocres .
    Podríamos coincidir en que los economistas no son capaces de predecir totalmente el futuro económico, en cuanto ciencia social que es, pero la realidad nos muestra que un buen economista es capaz de, al menos en parte, conocer el futuro de esta, buen ejemplo de ello es la carta enviada por la AIECA a don Pedro Solbes (ministro de economía) el 22 de abril de 2005, sin embargo, fue una evidencia ignorada por un político mediocre.
    A partir de este punto, me resulta difícil tomar en serio sus exposiciones en cuanto que usted afirma o insinúa que los únicos que se preocupan por una correcta distribución de la renta son los economistas heterodoxos, dejando fuera a cualquier otra corriente. Para ello alega que su único fin es el crecimiento económico, obviamente ese es el fin, ya que como usted debería saber una de las pocas cosas que saben los economistas con exactitud es que, a largo plazo, la capacidad de un país para producir bienes y servicios determina el nivel de vida de sus ciudadanos, por lo que una cosa es consecuencia de la otra.
    En definitiva, puede haber economistas buenos o mediocres, que hacen análisis en base a unas herramientas más o menos eficaces, seguramente influenciado por alguna escuela económica, pero seguro que la mayoría de ellos no lo hace con intención de engañar a nadie. La verdadera pregunta es ¿Engañan los políticos a los ciudadanos? Recomiendo leer “Por qué fracasan los países” de Daron Acemoglu y James A. Robinson.

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