Por Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa

Las entidades financieras y bancarias son cada día más protagonistas de la vida social. Pero no principalmente por su contribución a la financiación de las actividades económicas que crean riqueza y bienestar social. En las últimas semanas algunos de los grandes bancos españoles han hecho ostentación de su inmenso poder patrocinando y poniendo nombre a algunas de las competiciones deportivas más importantes, como la copa americana de fútbol “Copa Santander Libertadores” (1), o la española “Segunda División BBVA de Fútbol Profesional” (2).

Un lavado de cara que no es casual que se produzca cuando aumentan las críticas, denuncias y pruebas de su actividad corrupta e incluso directamente delictiva.

La compra de voluntades políticas, el blanqueo de dinero, las cuentas secretas o el financiamiento de empresas contaminantes y de armamento son sólo algunas de las acusaciones que recaen continuamente sobre las entidades bancarias y financieras más conocidas.

Quieren aparentar que son generosas y ejemplos de mecenazgo desinteresado pero, en realidad, lo que buscan es solamente ganar nás y más y más dinero a cuenta de lo que sea. Por eso están implicadas también en una soterrada lucha (no siempre leal) para lograr quedarse con fondos sociales ahora bajo control público como los de las pensiones, o para introducirse torticeramente en la vida académica para quedarse con la rentabilísima gestión de los ingresos de las universidades, de los de sus estudiantes y profesores

En las últimas semanas hemos podido comprobar una vez más cómo las entidades financieras han estado en el origen de la última crisis hipotecaria, provocando una situación de debilidad e inestabilidad que con toda seguridad no ha acabado y que terminará afectando al conjunto de las economías y de la actividad económica.

Todo ello es la consecuencia directa de dos factores. Por un lado, del carácter parasitario y pernicioso que han adquirido las instituciones financieras cuando no quedan sometidas a otra lógica o estrategia distinta al afán de lucro. Y por otro, a la cada vez más evidente y peligrosa falta de controles institucionales que pudieran impedir las actividades inmorales, despilfarradoras o simplemente ilegales que vienen realizando continuamente en la casi total impunidad.

La burbuja bursátil de los 90 transformó las costumbres empresariales y consolidó a la especulación y a la corrupción como un alimento preferente de las grandes empresas, como demostró el paradigmático caso de la multinacional eléctrica Enron. Ahora, la reciente crisis financiera ha puesto de relieve que, lejos de disminuir, esta deriva de las corporaciones hacia lo ilícito no ha hecho sino profundizarse a lo largo del tiempo.

Ante este grave proceso los bancos centrales se han limitado a mirar hacia otro lado, en un vergonzoso y cómplice ejercicio de irresponsabilidad. Apenas si se han dado modestísimos pasos aparentemente dirigidos al fomento de la transparencia y de la llamada “responsabilidad social de las empresas”, que la realidad ha demostrado insuficientes, cuando no totalmente inútiles.

En lugar de apagar fuegos y evitar que se produzcan, las autoridades monetarias y financieras los avivan por su complicidad e inoperancia. En lugar de advertir, denunciar y controlar, mantienen un silencio doloso orientado a salvaguardar los intereses de los grandes poseedores de recursos financieros.

De hecho, es ya verdaderamente vergonzosa la forma en que ocultan a los ciudadanos lo que está pasando, el peligro financiero que suponen los balances artificialmente hinchados de los bancos, su solvencia amenazada, sus cuentas que no cuadran sino por medio de artificios contables… Y, sobre todo, la inutilidad social de sus operaciones financieras, cada vez más lejos de la economía real y de las necesidades efectivas de las empresas y los consumidores.

La actividad financiera y bancaria es cada vez más inmoral, más inapropiada para crear riqueza, más especulativa y peligrosa para la economía en su conjunto, menos beneficiosa para el conjunto de la sociedad y sólo más rentable para las grandes fortunas.

Hoy día es ya una urgencia impostergable proponer y adoptar medidas contra el desorden financiero y contra la conversión de las finanzas en un gran y corrupto casino global.

Hay que redefinir la fiscalidad actual, estableciendo tasas a las transacciones financieras, e implantar controles mucho más estrictos a los movimientos de capital. Es urgente que los gobiernos recuperen el terreno perdido en cuestión de poder y capacidad de decisión económicas. Es imprescindible democratizar las decisiones económicas.

La vergonzosa y criminal existencia de paraísos fiscales, donde los controles de los capitales son exiguos o nulos, resulta imprescindible para que las entidades puedan legalizar dinero procedente de actividades ilegales e incluso criminales. Por eso, su supresión debería ser un objetivo prioritario para los gobiernos y las organizaciones internacionales que de verdad defiendan un mínimo de legalidad y moralidad en la economía mundial.

La pérdida de poder real de los gobiernos en materia económica ha venido acompañada de un consecuente deterioro de la democracia, puesto que equivale de hecho a una transmisión de poder desde los órganos representativos hacia entidades donde los mecanismos democráticos simplemente no operan. Y paralelamente, los dueños de estas entidades se han convertido en las personas más influyentes de nuestras sociedades, adquiriendo unos roles de extraordinaria importancia en la toma de decisiones en la vida social y económica.

Si realmente creemos en la democracia es hora de reconocer que el único camino posible para implantarla pasa necesariamente por una reestructuración del sistema financiero internacional. Se trata de impedir que las grandes entidades procedan de forma mafiosa y se hagan con un poder que nadie les ha otorgado. Los bancos y las grandes corporaciones financieras son hoy día los mayores enemigos de la libertad real, de la democracia y del bienestar social.

NOTAS:

(1) Diario El País, 27 Septiembre 2007.
(2) Diario El País, 16 Agosto 2007.

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Comentarios

  1. Es una autentica verguenza.¿Que hay que hacer para cambiaresto? .

  2. La solución: 1º Como ciudadanos consumir lo justo y necesario, controlando su procedencia.
    2º Exigir formación, laboral y cultural correctas al ciudadano desde infancia.
    3º No creer al político por lo que digan, sino por lo que hagan y desterrar-le cuando no cumple (en las empresas te dan 3-meses de prueba, ¿porque el político tiene 4-años?, teniendo en cuanta que el ciudadano no es el que le ha colocado, tiene suficiente con los 3-meses igual que cualquier trabajador. Y 1-año para el político responsable que le ha colocado, si realmente es válido).
    4º Cambiar la formación de listas electorales. Votaremos a personas, no a partidos que son máquinas de comer dinero ajeno. Los partidos no producen sin embargo han conseguido ponerse a la cabeza de las empresas más fuertes económicamente. Esto nos lleva chanchullos con las grandes empresa.
    5º Con todo lo anterior, nos imponemos los ciudadanos un control rígido a los políticos. En ese control esta incluido el número de políticos necesarios para gobernar un país como el nuestro. Por supuesto cobrarán sueldo como cualquier trabajador, todos vivimos de un sueldo en proporción a nuestra producción laboral.
    6º Y sobre todo creer en la honradez del ciudadano de a pie, pues en muchas ocasiones si comete incorrecciones, es por haberle formado incorrectamente. O peor aún, por que no se la ha formado y al que se le ha formado ha sido para aprovecharse de él.

  3. Cuando un sistema no funciona de manera recurrente, como el sistema monetario – bancario actual, debe reemplazarse por otro y no insistir con cambios infructuosos que tienen alto impacto en el bienestar de los ciudadanos… si queremos desplazarnos sobre un vehículo con ruedas ovaladas no tiene sentido que modifiquemos los amortiguadores o inventemos una nueva suspensión con levas para compensar la falta de excentricidad de las ruedas, es absurdo, “hay que poner ruedas redondas”.
    En ingeniería cambiamos el sistema por otro que cumpla el propósito del proyecto.
    La curva matemática que describe al interés compuesto es exponencial, con un crecimiento muy pronunciado en los períodos alejados dado que el interés de un período se capitaliza y el resultado final da una forma similar al palo de hockey. La expansión del Cáncer sigue este tipo de curva y ya conocemos el resultado final.
    La economía real (la del trabajo y la inversión productiva) debe producir los recursos equivalentes para satisfacer los requerimientos del pago de intereses.
    No existe manera que la economía real o productiva satisfaga a la servidumbre del interés dado que vivimos en un planeta finito y el crecimiento exponencial es infinito.
    El interés es inaceptable y se constituye en un medio de expropiación con el cual el usurero (bancos) toma posesión de los bienes producidos con el esfuerzo del empresario y del obrero. La ganancia o renta sin trabajo es inmoral.
    Por lo tanto las finanzas es decir el arte de especular con dinero es una falacia del sistema y los extremos ideológicos aceptan la usura como algo natural.
    Los bancos centrales debieran estar controlados por un comité democrático independiente del poder político – empresarial y debiera emitir dinero libre de interés a tasa 0, o acaso porqué el ciudadano debe pagar por el uso del dinero cuando el mismo debe cumplir la función medio de cambio para facilitar las transacciones. Acaso no le alcanza al gobierno con los impuestos para sostener su balance fiscal???.
    Nadie habla de la usura en estos tiempos y me sorprende que los economistas no intenten cambiar la rueda ovalada del carro.
    Otra cosa, es básico para cualquier ingeniero que si se quiere mantener el valor estable de una magnitud a lo largo del tiempo, hay que establecer un patrón de medida fijo, por eso no entiendo que los economistas acepten el dinero fiat como algo normal. Es ridículo por ejemplo permitirle a los bancos centrales que impriman dinero libremente sin fijar un standard y respetar la correspondencia entre la oferta monetaria con la demanda… cada país podría elegir su propio patrón, Sudáfrica el oro, Méjico la plata, Argentina la soja..etc… es obvio.
    Por último, ¿Cómo permite el gobierno que los bancos creen el 90 % del dinero en la economía?, es muy obvio que al permitirles a los bancos aplicar el sistema de reserva fraccionaria para los depósitos a la vista ,los bancos crean dinero bancario en grandes cantidades… y encima cobran intereses sobre ese falso dinero.
    La gente acepta la inflación como algo natural y no se dan cuenta que la expansión monetaria es el resultado perverso de la emisión irresponsable y del mecanismo multiplicador del sistema bancario que aumenta artificialmente la base monetaria y cobra intereses injustos . Los bancos controlan la economía regulando el crédito y decidiendo quien vive y quien muere, controlan a los políticos y deciden quien gobierna, etc….
    ¿Cuándo los economistas van a decir la verdad?
    Los bancos debieran ser solo administradores de crédito, y recibir una retribución justa por esta noble tarea administrativa . A los bancos no debiera permitírseles ser intermediarios financieros porque el dinero no es cualquier mercancía, debiera ser una herramienta pública al servicio de los ciudadanos y no una herramienta de especulación.

  4. @Diego Sánchez, la reflexión que planteas es muy interesante. Es curioso al respecto que las ofertas realizadas por EE.UU a U.E. en la TLC, no incluya los servicios financieros. Mientras en Europa pensamos que el sector financiero europeo está regulado y hecha la tarea, tras la Crisis financiera espoleta de la Recedepresión socio-económica actual. Los EE.UU. al no incluir dichos servicios en la TLC, lo hacen desde el planteamiento de que no podrían aceptar la armonización ante una regulación más laxa en Europa.
    Lo que de paso, además de indicar la debilidad democrática europea respecto del sistema financiero, indica que la armonización es a la baja.
    Respecto a la reflexión que realizas, es meridiana equivalencia a la realidad del sistema capitalista que requiere de continuo crecimiento económico, aunque acelerada y desvinculada de la generación de riqueza.
    Estas hablando del mecanismo operativo del privilegio como fórmula de desposeer al resto, de desamortizar al ciudadan@, que se basa en la acumulación de riqueza financiera y los privilegios aparajedos.
    La desvinculación de la economía especulativa y la real, permiten la creación de empleo sin crecimiento económico, por mor del reparto de la miseria más barata y precaria. De ahí el aumento de la desigualdad.
    La Deuda es parte del engranaje esclavizador y desposeedor, que alimenta la acumulación capitalista en una fase carente de generación de riqueza real.
    A través del control estatal por parte del sistema financiero, se crea ese sistema perverso de crédito ficticio y endeudamiento tanto privado como soberano, que se utiliza como Dios, como axioma tautológico para doblegar y desposeer tanto de los bienes particulares como comunes.
    Un libro muy interesante al respecto del antropólogo David Graeber, ilustra muy bien dichos mecanismos.

    Un Saludo Cordial

    Democracia o Barbarie.

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