Seguimos con el mismo tema de los últimos días, y es que conviene aclarar algunas cuestiones que no supe explicar mejor en los anteriores post y que están generando algunas dudas, como las de @Mendigo. Creo que el tema es suficientemente interesante y útil como para que nos detengamos tranquilamente a estudiarlo. Espero que pueda explicarlo con sencillez, aunque eso no restará complejidad al asunto. Lo ideal es coger un papel y un lápiz y disponer de algo de tiempo libre. Si conseguimos seguir el argumento (¡y espero que sí!) habremos desmitificado una de las piedras angulares de la economía convencional u ortodoxa, la misma que nos invita a empobrecernos más para salir de la crisis.

Algunas de las ideas (en realidad casi todas) han sido lanzadas en los post anteriores. El objetivo ahora es reunirlas, sintetizarlas, hacerlas más comprensibles e hilarlas en un argumento que va desde abajo hacia arriba, deconstruyendo las ideas dominantes sobre lo que llamamos costes laborales unitarios y sobre la abstracta idea de la competitividad. Es un post puramente economicista, pero que invita a la reflexión sobre muchas de las ideas que quizás hemos asumido con demasiada facilidad. Es largo, pero creo que merecerá la pena.

Costes laborales unitarios
Vamos a hablar de los costes laborales unitarios, que se definen como el coste salarial medio que cuesta producir una unidad de producto. Es un indicador utilizado habitualmente para medir la competitividad de una economía, y su subida es utilizada por los liberales como un ejemplo de la necesidad de bajar los salarios como medio para ganar competitividad. Si alguna vez vemos a un liberal argumentar así lo primero que hay que hacer es preguntarle: ¿de qué tipos de coste laboral unitario estamos hablando?

Costes laborales unitarios en términos físicos
Para comprender este indicador lo mejor es partir del ejemplo más simple posible, y este no es otro que suponer que hablamos de una pequeña empresa productora de, por ejemplo, sillas. Supongamos que somos el empresario de dicha empresa y que tenemos a nuestro cargo a 10 trabajadores. A nosotros nos interesa saber qué nos están costando nuestros trabajadores, y medir si son más o menos productivos que los de la competencia. Para eso calculamos el indicador de Costes Laborales Unitarios (CLU) que es la división del salario medio entre la productividad. La productividad es la relación de producción por trabajador. Si producimos 2 sillas por trabajador se dice que se es más productivo que si se produce 1 silla por trabajador.

Supongamos, por ejemplo, que nuestros 10 trabajadores cobran en total 10.000 euros y producen entre todos 10.000 sillas. Entonces simplemente hacemos las cuentas:
CLU = (MS/L)/(Q/L),
donde MS es la masa salarial -el salario total de todos los trabajadores-, Q es la producción (las sillas) y L el número de trabajadores (1). Tenemos por lo tanto que:
CLU = (10.000/10)/(10.000 /10) = 1

Del resultado extramos simplemente que cada trabajador produce de media 1.000 sillas (esa es la productividad), cobrando cada uno 1.000 euros de media, y que en conjunto cada silla nos cuesta 1 euro en pago de salarios. Esta información nos serviría si supiéramos qué ocurre con los CLU de nuestra competencia.

Competencia y competitividad
Imaginemos que tenemos dos competidores. CLU2 son los costes laborales unitarios de una empresa que paga a sus trabajadores menos (8.000 euros en total) y CLU3 son los costes laborales unitarios de una empresa con mejor tecnología y que produce 15.000 sillas en total. Ambas empresas tienen los mismos trabajadores y se trabaja el mismo número de horas.
CLU2 = (8.000/10)/(10.000/10) = 0.8

CLU3= (10.000/10)/(15.000/10) = 0.6
Ambas empresas tienen costes laborales unitarios menores, lo que significa que por cada silla que producen pagan menos en cantidad de salarios. Una enseñanza de momento es que una empresa puede ganar competitividad bien como ha hecho la empresa 2, bajando salarios, o bien como ha hecho la empresa 3, incrementando la productividad.

La competitividad es la capacidad que tiene una empresa o economía para vender más productos que los de sus rivales, su competencia. Se da por hecho que la mayor capacidad de venta depende directa y exclusivamente de los precios (ignoramos aspectos como la calidad, por ejemplo). Así, menores precios que lo de los rivales harán que la gente nos compre a nosotros y no a ellos, y podremos hacerlos desaparecer del mercado o hacerlos entrar en quiebra. O ellos a nosotros si son quienes consiguen vender más barato.

Como pagan menos salario por unidad producida, si el precio final de la silla dependiera sólo del coste laboral la empresa 3 podría vender más barato que la empresa 2 y también que nosotros, la empresa 1. Eso le daría ventaja y la gente compraría las sillas a la empresa 3, y nosotros seríamos los que entraríamos en crisis.

Pero por supuesto los precios no sólo dependen de los costes laborales, sino que también hay que sumar el beneficio empresarial (como demostraremos más adelante). Eso significa que aunque nos cueste menos producir un producto no necesariamente bajará el precio, ya que quizás de forma paralela se de un incremento de los márgenes empresariales (el beneficio).

Costes laborales unitarios en términos monetarios
La cuestión es que no sabemos qué nos cuesta cada silla, de modo que aunque sepamos lo que pagamos por una de ella en cuestión de salarios no sacamos mucha más información. Por eso hay que pasar a medir los costes laborales unitarios en términos monetarios.

Calcular los costes laborales unitarios en términos monetarios es una tarea obligatoria para todas aquellas empresas que produzcan más de un bien o para una economía en su conjunto. Si por ejemplo ampliamos nuestro negocio y producimos tanto sillas como mesas entonces ya no tendría ningún sentido sumar el número de mesas y sillas.

Por eso los economistas nos vemos obligados a calcular en términos monetarios, lo que se consigue multiplicando el número de mesas y sillas por sus respectivos valores añadidos (se suele simplificar diciendo que se multiplica por los precios, pero en realidad el valor añadido es lo adecuado, y de paso evitamos confusiones). El valor añadido representa la diferencia entre los precios finales de los productos y los precios de los consumos intermedios, esto es, de las materias primas y otros elementos que participan en el proceso de producción.

Así, en nuestro ejemplo si el valor añadido de las sillas es de 100 euros sólo tendremos que recalcularlo todo sabiendo que a la producción de sillas (Q) habrá que multiplicarle el valor añadido unitario de las mismas (VAu).
CLUr = (MS/L)/[(Q*VAu)/L]

CLUr = (10.000/10)/[(10.000*100)/10] = 0,01
Este nuevo resultado nos indica que cada trabajador genera una renta de 100.000 euros y que dado que pagamos de media por trabajador 1.000 euros entonces gastamos 0,01 euros en salario por cada euro producido.

Esto ya sí que nos está dando información interesante. Si de cada euro producido se va 0,01 a salarios, ¿a dónde se va el resto? Pues se va a beneficios empresariales, es decir, es lo que se quedamos nosotros como empresarios. Eso es así necesariamente porque el valor añadido es la suma de la masa salarial y los beneficios empresariales, y como hemos supuesto que no suben los salarios lógicamente lo que sube son los beneficios.

Pero esta medida tiene bastantes problemas asociados. El más evidente, que la productividad deja de medirse en términos físicos y empieza a medirse en euros. Eso significa que si sube el precio de los bienes finales y no el de los bienes intermedios -es decir, el empresario busca aumentar su margen de beneficio- entonces sube la productividad (aunque el número de sillas producidas por trabajador sea el mismo). En este caso la productividad cambia de sentido y abandona su interpretación coloquial para comenzar a interpretarse como la “renta generada por cada trabajador” que en cierto grado es autónomo de la capacidad del trabajador.

De hecho y como decía @Mendigo, imaginemos que queremos ganar más y subimos los precios finales y mantenemos los salarios igual. Por ejemplo, ahora la silla pasa a incorporar el doble de valor añadido, pasa de 100 euros a 200 euros.
CLUr = (10.000/10)/[(10.000*200)/10] = 0,005

En efecto, hemos reducido los costes laborales unitarios reales de 0,01 a 0,005. Eso también significa que lo que recibe cada trabajador del total de producción nominal ha bajado. Por el contrario, lo que nos quedamos nosotros como empresarios ha aumentado.

¿Y qué nos está diciendo esto? Pues que los costes laborales unitarios medidos como Salarios nominales entre productividad nominal, es decir, los costes laborales unitarios reales, son en realidad la participación salarial de la renta. Lógico, pues sabiendo que la cantidad producida (Q) por su valor añadido unitario (VAu) es la producción nominal (Yn) tenemos que:
CLUr = (MS/L)/(Yn/L) = MS / Yn

Es decir, la parte de la renta (Yn) que se queda la masa salarial (que son los salarios totales, es decir, W*L).

Los costes laborales unitarios nominales y los costes laborales unitarios reales
Hasta ahora hemos estado hablando de los costes laborales unitarios reales (CLUr), que hemos dicho que son la participación salarial en la renta. Y los CLUr son un cociente cuyo numerador -la masa salarial- está en términos nominales y cuyo denominador -la producción- también está en términos nominales. Al estar en la misma magnitud podemos decir que tiene sentido económico.

Sin embargo, los costes laborales unitarios nominales (CLUn) se calculan dividiendo el salario medio (MS/L) entre la productividad en términos reales (Yr/L):
CLUn = (MS/L)/[(Yr/L)]

De hecho, los costes laborales unitarios nominales (CLUn) carecen de sentido económico porque se calculan a partir del cociente entre un numerador -la masa salarial- calculada en términos nominales y un denominador -la producción- calculada en términos reales. Y esto no tiene sentido económico ninguno. Y sin embargo es la medida más utilizada por los economistas convencionales. Y eso crea mucha confusión.

Si queremos transformar la ecuación anterior en términos nominales (para que tenga sentido) tenemos que sustituir Yr por la división de la producción nominal (Yn) por el precio (P):
CLUn = (MS/L)/[(Yn/P)/L]

Que desarrollando nos da:
CLUn = MS/(Yn/P) = (MS*P)/Yn = (MS/Yn)*P

Donde el primer componente (MS/Yn) es la participación salarial en la renta o también CLUr. Así pues, llegamos a una obviedad de la que podríamos haber partido desde el comienzo: los costes laborales unitarios nominales son la multiplicación de los costes laborales reales por el precio.

Pero eso nos enseña también algo. Cuando los liberales ven que suben los CLUn argumentan que los salarios suben demasiado deprisa en relación a la productividad y que eso resta competitividad a una economía. Por eso recomiendan que se bajen los salarios.

Pero como hemos visto en la ecuación en realidad los CLUn son los CLUr multiplicados por el precio, lo que significa que hay que ver ambas variables (CLUr y P) para saber a qué se debe esa subida. De hecho, los CLUn han podido subir debido a que el precio ha subido más que los CLUr y eso puede suponer que no necesariamente haya detrás una subida salarial. De hecho, lo que ha pasado en España en los últimos diez años es que los CLUn han subido pero los CLUr han bajado, lo que se explica por el crecimiento de P.

El deflactor del precio, la inflación y los problemas de la agregación

¿Pero qué es en realidad la variable P? Es una variable que sirve para medir el crecimiento de los precios y que se utiliza para deflactar otras variables, es decir, para reducir los efectos estadísticos de la subida de precios. Por ejemplo, si el PIB nominal sube de un año a otro quizás sólo sea un efecto estadístico (debido a la subida de precios) y no signifique que somos más ricos. Por eso se utiliza una variable para deflactar, normalmente el IPC o el deflactor del PIB, para corregir.

A continuación vamos a ver cómo P puede subir a través precisamente de un incremento de los márgenes de beneficio. Antes hablamos de un ejemplo en el que nosotros como empresarios decidimos subir nuestros márgenes sin subir los salarios. Lo vamos a retomar cambiando los datos. Imaginemos que para nuestro proceso productivo de producción de sillas necesitamos pagar costes intermedios (madera, clavos, máquinas, etc.) por valor de 5.000 euros, y vendemos todas nuestras sillas ya producidas por valor de 55.000 euros. Eso significa que el valor añadido es de 50.000 euros. Seguimos pagando 10.000 euros a nuestros 10 trabajadores, de modo que nuestro CLUr será:
CLUr = (10.000/10)/(50.000/10) = 0,2

Ahora queremos aumentar nuestro margen de beneficios y por eso mantendremos los salarios igual pero subiremos el precio final de las sillas. Ahora las venderemos todas por 105.000 euros. El nuevo CLUr será:
CLUr = (10.000/10)/(100.000/10) = 0,02

De momento tenemos que en esta pequeña economía han subido los precios (se han duplicado) y los salarios se han mantenido constantes, razón por la cual la participación salarial en la renta ha bajado.

Ahora vamos a ir ampliando nuestra economía. Resulta que nuestras sillas son consumos intermedios para otros empresarios que produzcan otros productos, por lo que el incremento de los precios finales incrementa sus costes intermedios. Para protegerse de esas subidas y para no perder sus propios márgenes de beneficios esos empresarios subirán los precios finales de sus propios productos. Lo harán en la misma proporción si quieren mantener sus márgenes empresariales, pero lo harán aún más si quieren ampliarlos. Siempre con los salarios constantes, por supuesto. Hemos entrado en un proceso inflacionista que eleva todos los precios como consecuencia del incremento de los márgenes empresariales (el valor agregado que se queda la empresa).

Parece que hemos dado de golpe con la caída de un mito: la subida de los precios se debe a la subida de los salarios, como se deduce de todo el discurso liberal.

Pero además encontramos otro problema en la agregación de los datos para entender una economía. En un país determinado puede haber empresas competitivas y otras que no lo sean. Puede haber empresas que suban sus márgenes empresariales (porque pueden) y otras que no lo hagan (porque no pueden), y puede haber, en definitiva, una heterogeneidad muy grande que los datos agregados no revelan.

¿Cómo ganar competitividad? ¿Es la competitividad la única vía?
Si ya hemos establecido que los costes de una empresa dependen de la relación salarios/productividad y de los márgenes empresariales, ahora queda saber cómo podemos hacer que nuestra economía sea competitiva.

Claramente tenemos tres vías: influir sobre los salarios, influir sobre la productividad e influir sobre los márgenes empresariales. Los liberales suelen concentrarse en en la primera de las variables y, en menor medida, por la segunda. A la tercera -los márgenes- no le suelen dar importancia. Veamos qué reflexiones podemos sacar de las tres vías:

En primer lugar, sobre los salarios. Bajar los salarios es empobrecer a una economía, pero no en un sentido moral -que también- sino en un sentido económico. Y esto es así porque los salarios no sólo son un coste en la actividad productiva sino que también son el elemento de demanda que permite que los productos puedan venderse. Imaginen una economía con salarios a cero y todos los trabajadores ofreciendo gratis su trabajo para que los empresarios tengan menos costes. ¿Quiénes comprarían los productos a esos empresarios? Los salarios son un componente crucial que si se deterioran hacen entrar en crisis al sistema capitalista. El modelo de Bhaduri-Marglin, que resumimos aquí y que explicamos técnicamente aquí nos permite evaluar ese doble efecto de los salarios. En España, por ejemplo, es contraproducente bajar salarios.

En segundo lugar, sobre la productividad. Su incremento es necesario pero las causas que se esconden detrás de la capacidad de incrementarlo no están del todo claras. Tampoco es fácil medir esos incrementos y el efecto que cada aspecto tiene en dichas subidas. Pero es obvio que aspectos como la educación, mejores condiciones de trabajo, horarios adecuados al ritmo humano, buen ambiente de trabajo, medios de transporte adecuados y, en definitiva, mejor calidad de vida, llevan a incrementos de productividad. Y también, por supuesto, mejoras en innovación y desarrollo que permitan introducir nuevas tecnologías y sistemas de organización empresarial que permitan producir más en el mismo tiempo. Para todo ello hace falta, lógicamente, inversiones adecuadas en gasto público.

En tercer lugar, sobre los beneficios empresariales. Los liberales no lo suelen citar porque para ellos es el elemento básico de la inversión y por lo tanto de la creación de empleo. Sin embargo la realidad demuestra que la falta de actividades rentables en la actividad productiva (¡quizás por la falta de demanda!) llevan a que esos beneficios acaben distribuyéndose entre los accionistas o dedicándose en actividades no productivas como la especulación financiera. Ello lleva a que la inversión no crezca mientras sí lo hagan los beneficios empresariales. A la vez, eso resta competitividad.

Por lo tanto una salida real a la crisis por la vía de la competitividad debería incluir una subida de salarios, incrementos de productividad y descenso de los beneficios empresariales. Eso como programa mínimo si se quiere evitar una década perdida.

Pero sin embargo hay mucho más y una cuestión aún más amplia. La competitividad es un concepto relativo que tiene eficacia siempre y cuando haya al menos dos jugadores. Se deriva de la necesidad competitiva del sistema capitalista, y eso significa que unos ganan y otros pierden. De lo cual se deduce que no todos los países pueden ser competitivos o, dicho en términos más comunes, que no todos pueden ganar. De ahí que no se entienda cómo proyectos políticos empobrecedores, como el Pacto por el Euro, recomienden incrementos de competitividad para todos los países europeos. Es naturalmente imposible desde el momento en el que las importaciones de unos países son las exportaciones de otros.

Por eso una salida a la crisis no puede ser por la vía de la competitividad, sino por la vía del fortalecimiento del mercado interno, y eso supone recuperar capacidad de demanda en los salarios y en el gasto público. Cierto es que la Unión Europea es actualmente una camisa de fuerzas, pero o cambia su percepción de la economía y camina hacia un Estado Supranacional con políticas radicalmente de izquierdas o la única salida a la crisis en los países periféricos pasará por la salida del Euro y una especie de formateo de deudas.

Anexo: De la distribución de la renta a los costes laborales unitarios nominales

Esta parte no es estrictamente necesaria, pero puede ayudar a entender por qué los costes laborales unitarios, los reales y la distribución funcional de la renta están estrechamente relacionados.

La renta nominal (Yn) es igual a la suma de la masa salarial nominal (MSn) y los beneficios empresariales nominales (EBEn).

Yn = MSn + EBEn

Que en términos reales significa que:

Y = Yn/P

Yn = Y * P

Sustituyendo en la primera ecuación tenemos que:

Y * P = MSn+ EBEn

Despejando P, que son los precios, y que es lo que queremos saber cómo se determina:

P = (MSn/Y) + (EBEn/Y)

Así pues, los precios dependen de la suma de un cociente muy extraño que divide la Masa Salarial nominal entre el PIB real y de otro cociente que hace lo propio con los beneficios empresariales. El primer componente son los llamados Costes Laborales Unitarios Nominales (CLUn). Dado que la Masa Salarial es la multiplicación del salario nominal medio (Wn) por el número de trabajadores (L) tenemos que:

P = [(Wn*L)/Y] + (EBEn/Y)

Que ligeramente fragmentado es:

P = (Wn) * (L/Y) + (EBEn/Y)

Como L/Y es la inversa de la productividad, podemos decir que la variable Z es la productividad y sustituir:

P = (Wn) * (1/Z) + (EBEn/Y)

Agregando tenemos finalmente que:

P = (Wn/Z) + EBEn/Y

Donde W/Z, es decir, el salario medio nominal entre la productividad en términos reales son los Costes Laborales Unitarios nominales (CLUn):

P = CLUn + EBEn/Y

Lo que quiere decir que el precio puede subir bien por el primer componente (coste salarial) como por el segundo (beneficios empresariales).

Dado que los liberales ponen al CLUn en el punto de mira, porque como decíamos antes intentan reducirlos para ganar competitividad, tenemos que saber que si vemos CLUn subir tenemos que tener en cuenta entonces que:

CLUn = P – EBEn/Y

Lo que significa que, como decíamos el otro día, los precios importan a la hora de ver si suben los CLUn y no sólo los salarios. Una subida del indicador CLUn no significa necesariamente que los salarios son altos sino que incluso puede ser complementaria con el hecho de que los salarios sean bajos. De hecho, lo más interesante es examinar los Costes Laboraes Unitarios reales, que son un medidor más adecuado de la competitividad medida vía salarios.

Dado que CLUn = Wn/Z

Y que la productividad en términos reales es Z=Y/L, tenemos que:

CLUn = Wn/[(Y/L)]

Como queremos tener todo en la misma magnitud convertimos la producción real en nominal (Y = Yn/P):

CLUn = [Wn]/[(Y/P)/L]

Que desarrollándolo es:

CLUn = [(Wn*L) / (Yn)]*P

Que nos recuerda que Wn * L es la Masa Salarial Nominal (MSn), de modo que:

CLUn = [MSn / Yn]*P

O, lo que es lo mismo, que los costes laborales unitarios reales, el primer componente, son ¡la participación salarial en la renta!

Notas:

(1): Dado que la Masa Salarial (MS) es la multiplicación del salario medio (W) por el número de trabajadores (L) tenemos que los CLUr pueden reformularse así:

CLUr = W/(Q/L)