Entrevista: “Había alternativas a lo que ha hecho Syriza en Grecia”

Publicado en laRepublica.es

laRepublica.es: Buenas tardes, en primer lugar, aprovechando su perfil de economista, hagamos una reflexión. Hace pocos días, se hacía viral un vídeo en el que Pablo Iglesias afirmaba que dentro del capitalismo europeo, los gobiernos tienen poco margen de maniobra, y que Podemos no podía aspirar a hacer mucho más de lo que ha hecho Tsipras en Grecia antes de dimitir. ¿Cree usted también que dentro del capitalismo existe una posible salida social?

Alberto Garzón: Buenas tardes. Creo que habría que partir de dos consideraciones esenciales para este análisis. La primera, que bajo el sistema capitalista siempre hay una disociación entre la racionalidad del mercado y la racionalidad política, es decir, entre la economía y la política, o entre el poder y el gobierno. Las políticas neoliberales de las últimas décadas han ampliado esa brecha, de tal forma que la política ha quedado ampliamente subordinada a la lógica de mercado. La consecuencia es que el mercado enmarca lo posible en política, define los límites del llamado pragmatismo. Pero eso no es una inevitabilidad histórica, sino una consecuencia lógica del desarrollo del capitalismo.

La segunda, que la globalización ha permitido, con la ayuda de las nuevas tecnologías, crear un tablero de juego en el que el capital puede, en tiempo real, valorizarse en cualquier parte del mundo a través de la especulación financiera. Impera el ciclo corto del capital (D-D’) y a él, y su lógica, queda subordinado todo lo demás, incluida la política. Naturalmente ello conlleva el riesgo –y su materialización en el tiempo- de enormes crisis financieras, además de otros efectos.

Estos dos elementos, el dominio de la valorización corta del capital y la disociación entre gobierno y poder, son el contexto concreto de nuestra época actual. Aquí es donde nos encontramos.

Eso significa que el capitalismo, en su desarrollo como sistema-mundo, encuentra obstáculos en todas aquellas esferas en la que existan impedimentos a la valorización del capital. Por ejemplo, el Estado Social. Esto quiere decir que el Estado Social –y en realidad todas las conquistas del movimiento obrero, como la propia democracia y muy especialmente el Derecho del trabajo- son obstáculos a superar por parte de la racionalidad de mercado. De ahí que las políticas neoliberales estén centradas no en disminuir el peso del Estado –esa tesis es falsa- sino en desmantelar las conquistas obreras y las instituciones políticas que pudieran obstaculizar la valorización. Siempre en aras, como comprobamos en los discursos oficiales, de mantras como la competitividad–que no es otra cosa que la participación eficiente en la lucha por valorizar capital en el mercado.

LR: Por lo tanto, a diferencia de lo que asegura la socialdemocracia, usted afirma que no existe salida dentro del modelo capitalista.

AG: En una época como la actual –bien distinta a la de la posguerra y el llamado capitalismo dorado­­- las tesis socialdemócratas están agotadas. Si uno acepta la lógica de la racionalidad de mercado, está condenado a asumir sus consecuencias y, lo que es sintomático, la inferioridad de la racionalidad política. Es decir, está condenado a asumir que en el mundo –en realidad, en el sistema-mundo capitalista- nada puede estar por encima de la lógica de mercado. Hemos visto recientemente los fracasos y frustraciones de la socialdemocracia europea, como en Francia, Grecia o España, y hemos comprobado que si el tablero de juego es el definido más arriba, sencillamente no hay espacio para la socialdemocracia.

Lógicamente esto es una grave crisis de la democracia, porque queda ampliamente deslegitimada. Al fin y al cabo, la gente empieza a ver al rey desnudo; empieza a ver, y a entenderlo intuitivamente, que los mercados –la lógica de la valorización- dominan a la política –la lógica democrática- y que eso convierte a los Parlamentos y sus instituciones en teatros de sombras. No desprovistos de funciones –de nuevo, tesis falsa- sino en meros gestores de un marco definido por arriba.

LR: ¿Cómo nos libraríamos entonces, en el hipotético caso de que movimientos sociales llegaran al gobierno central, de esa presión de Bruselas, tal y como le ha ocurrido a Syriza?

AG: No es Bruselas la que ejerce la presión. Bruselas es el espacio geográfico donde se reúnen los representantes y miembros de la oligarquía, y donde se decide el cambio institucional necesario en los países para que la lógica de mercado no encuentre obstáculos. Allí se deciden los ajustes y allí se decide la forma concreta del proceso constituyente en cada país –la adaptación de las instituciones a las necesidades del capitalismo-. Pero la presión es de la propia lógica del sistema, de su dinámica.

Y la única forma de enfrentarlo es con una correlación de fuerzas favorable. Pero no con una correlación de fuerzas política, o no sólo, sino con una correlación de fuerzas económica. Si uno tiene el control de una país con fortaleza productiva y con cierta autonomía, entonces tiene un amplio margen de maniobra.

LR: ¿Como ocurrió en Venezuela?

AG: Exacto. Una de las claves fundamentales de la Venezuela de Chávez –probablemente la mayor- fue el petróleo; y de Cuba, la compra de azúcar por parte de la URSS –a precios muy por encima del precio de mercado. Es decir, si una opción política es capaz de imponer la racionalidad política por encima de la racionalidad de mercado, entonces tendrá margen. Pero eso no se consigue con una declaración, por muy radical y ortodoxa que sea, sino con una estructura económica que sostenga esa posibilidad. Dicho de otra forma, para estos análisis hay que centrarse en la estructura económica y no tanto en los aspectos de la supraestructura.

Y España, como en Grecia o Portugal, han tenido una inserción en la Unión Europea que ha definido un creciente proceso de dependencia económica con respecto a centros económicos en el extranjero. Ninguno de los países del sur –con excepción parcial del norte de Italia- tiene una estructura económica capaz de servir como motor de un crecimiento autocentrado. De hecho, todas las economías tienen tendencias hacia el déficit por cuenta corriente, lo que implica una dependencia brutal de las importaciones y de la financiación exterior. Dicho de otra forma, para mantener nuestro nivel de vida nuestra economía depende directamente del consumo de bienes extranjeros y de la financiación exterior. Los procesos neoliberales de desindustrialización acometidos en las últimas décadas sólo han empeorado esa situación, convirtiéndonos en una economía muy dependiente. Tenemos, con un análisis más concreto, algunas ventajas comparativas en determinados ámbitos. Pero la desgracia es que la mayoría de ellos no es de alto valor añadido.

LR: ¿Qué pasos tendríamos que dar para esa soberanía económica?

AG: Lo que técnicamente necesitamos es un proceso de reindustrialización y de fortalecimiento de nuestra economía en términos de mayor inserción tecnológica. Políticamente eso no puede realizarse, de ningún modo, en la actual Unión Europea con sus tratados instituyentes neoliberales.

Las opciones son tres. En primer lugar, la salida del euro. Frente a lo que algunas tesis defienden, no supone la recuperación de la soberanía. ¿Acaso España era soberana con la peseta? Esa medida, de implicaciones inmediatas, sí supone la recuperación de la política monetaria y de sus instrumentos. Pero no modifica la estructura económica, con lo que habría que financiar las importaciones con una nueva moneda –más devaluada. Lo probable es el ajuste brutal –bajadas espectaculares de salarios y pérdida muy considerable del nivel de vida material- y, en todo caso, la esperanza de recuperarse en una década a partir de una concepción casi stajanovista del trabajo. Personalmente considero que la frustración que acompañaría sería difícilmente gestionable por la izquierda, pero mucho más fácil por la derecha y sus tesis populistas.

En segundo lugar, una alianza europea sur-sur. Se trataría de avanzar en la configuración de un nuevo sistema de integración regional, a partir de otras bases –no neoliberales, sino de solidaridad interregional. Algo así como un ALBA Europeo. De momento sólo si en Grecia volviese a gobernar la izquierda, podría estar en una disposición ideológica para iniciar ese camino. España, Portugal e Italia están lejos de ese momento. A mi juicio, es la salida adecuada.

En tercer lugar, utilizar la presión política para doblegar las instituciones europeas desde dentro. Aquí la presión política depende de la capacidad económica de cada país. España es el 11%-12% del PIB de la zona euro, mientras que Grecia no llega al 2%. La capacidad –que siempre es de chantaje- es mayor en nuestro país.

LR: Hablando de Grecia, ¿cree realmente que Syriza no tenía más salida que aceptar los recortes?

AG: Alternativas había. El llamado plan de rescate de Grecia no es una solución ni para la economía griega ni para los ciudadanos de Grecia. Sólo es una forma más de continuar un proceso constituyente dirigido por la oligarquía que consiste en desmantelar los obstáculos a la valorización del capital. Ello conllevará una mayor frustración ciudadana, porque no habrá mejora económica para la mayoría social. El tercer rescate fracasará como hizo el segundo y el primero.

Nosotros votamos que no a ese plan de rescate porque creemos que es lo coherente, pues no cabe justificar ni por imperativo legal los recortes. Si somos una fuerza rupturista, tenemos que demostrarlo y actuar en consecuencia. En todo caso, apoyamos a Syriza en la convocatoria de las elecciones, igual que apoyamos la convocatoria del Referéndum (que fue significativo). Siempre es positivo que el pueblo tenga la voz.

Estaremos atentos a los movimientos de Varoufakis y de la izquierda de Syriza. Es muy importante para nosotros que en Grecia pueda consolidarse un contrapoder de izquierdas que vaya más allá de los partidos.

LR: Cambiando de tercio, usted ha afirmado en varias ocasiones que “no sólo nos jugamos las próximas elecciones, nos jugamos las próximas generaciones, porque lo que está en disputa es un orden social”, ¿puede desarrollarnos esta reflexión?

AG: Yo afirmo que estamos viviendo un proceso constituyente dirigido por la oligarquía, es decir, un proceso de adaptación de las instituciones jurídico-políticas a las necesidades del capitalismo actual. Lo que explicaba con más detalle al principio. La economía no se gestiona en el vacío, sino en un entramado institucional determinado; ello quiere decir que ahora mismo no elegimos sólo unos pocos diputados para gestionar nuestras sociedades sino diputados para definir el nuevo marco institucional –constituciones, estatutos, tratados europeos, rescates… Eso definirá el próximo orden social; probablemente como mínimo para las próximas tres décadas. De ahí que considere que lo fundamental es oponerle un proceso constituyente dirigido desde abajo, es decir, por las clases populares que buscamos otro sistema económico y político. La crisis de legitimidad de la democracia representativa liberal contribuye a crear un caldo de cultivo en el que se rompen los viejos relatos oficiales y la gente está más abierta a escuchar las alternativas.

LR: ¿Tiene nombre ese modelo económico y social? ¿cuál es su proyecto?

AG: Mi horizonte es socialista, sin lugar a dudas. Un sistema donde la economía esté esclavizada a la política, donde la racionalidad política haya dominado a la racionalidad de mercado. No me interesan las cuestiones de debate semántico; me interesa que el criterio que defina la producción, la distribución y el consumo sea social y democrático y no algo tan abstracto como la rentabilidad.

LR: Y hablando de socialismo, una de las grandes señas de identidad de la izquierda socialista en este país ha sido la lucha por un estado sin monarcas, republicano, donde el jefe del estado fuese elegido de forma democrática, sin embargo, muchas personas y varias organizaciones de izquierdas han asumido el mensaje de “eso ahora no es importante”, ¿qué opinión le merece este punto de vista? ¿acabaría usted con la monarquía de tener el apoyo social suficiente en un proceso electoral?

AG: La monarquía es uno de los pilares del régimen español, actualmente junto con el bipartidismo. Es una de las instituciones clave en el diseño del proceso constituyente dirigido por la oligarquía, en tanto que es una institución con enorme capacidad e influencia. Sin duda, la opción del bipartidismo es avanzar hacia una nueva constitución monárquica con una nueva ley electoral –mucho más regresiva- y una reforma del modelo de Estado. Todo ello junto con la adaptación institucional económica para las necesidades del capitalismo, es decir, a un modelo laboral de precariedad permanente y sistemática y con un Estado Social mucho más debilitado.

Así pues, la monarquía es parte del proceso que hay que combatir. Por esa misma razón nunca vería a la monarquía como un elemento individual, pues este proceso constituyente dirigido por la oligarquía podría ser perfectamente republicano. De ahí que no considere que la monarquía es el problema; sino parte del problema.

LR: La izquierda más ideologizada está dividida entre los que entienden que una suma de siglas y personas es ahora más necesaria que nunca dados los buenos resultados obtenidos en Madrid o Barcelona, y los que opinan que confluir con organizaciones abiertamente socialdemócratas o capitalistas es el fin de los movimientos obreros políticos en España. ¿Qué opina usted? ¿apostaría Alberto Garzón por una suma de Podemos, Equo, Izquierda Unida, el PCE, la CUT, el PTD, el Partido Feminista y otras organizaciones para superar lo que supuso la fundación de Izquierda Unida como organización aglutinadora de clase?

AG: No pienso que el debate actual sea de naturaleza jurídica –la forma en la que se registra una candidatura- o simbólica –qué siglas aparecen en cada papeleta. El debate es de mayor profundidad, puesto que tiene que ver con los procesos económicos que subyacen a nuestra vida cotidiana y a nuestro futuro. Si estamos viviendo un proceso constituyente dirigido por la oligarquía, ¿qué vamos a opinar nosotros? ¿qué vamos a hacer?

Evidentemente eso implica definir los sujetos. ¿Quiénes somos el nosotros? ¿Somos la gente, los ciudadanos, los trabajadores, los comunistas? Y ahí es donde quiero dejar clara una cuestión. El marxismo es una herramienta de análisis que nos permite entender cómo funciona nuestro sistema económico, y ha de servirnos muy especialmente para que en cada momento concreto entendamos cómo es la estructura social y de clase de un país. Ahora bien, muchas críticas a los procesos de confluencia provienen de un marxismo fosilizado y melancólico –en el sentido freudiano, incapaces de entender qué han perdido en los últimos años. Es ese marxismo del que Marx renunció –cuando dijo Yo no soy marxista-, porque es dogma, es catecismo. A esa interpretación yo no le presto ni un segundo de atención.

Es como cuando se critica el uso del concepto ciudadano y se defiende el uso alternativo de, por ejemplo, clase obrera. O cuando se critica el concepto abajo por no usar izquierda. ¿Se critica porque hay un debate teórico de fondo o porque hay un problema de identidad? ¿Le importa a un desempleado de larga duración este debate o por el contrario prefiere morir de hambre a ser llamado ciudadano de abajo? Eso es lo que le pasa al marxismo fosilizado, que tiene un problema de identidad y se convierte en parodia de sí mismo. En realidad, no sólo es que el marxismo y el socialismo sean herederos de la Ilustración –que creía en la creación de ciudadanos. O que el significante abajo defina una fractura social, una división económica en el seno de la sociedad, que el significante izquierda no. Es peor, es que convertir los debates teóricos –sobre la clase social- en un problema semántico es pura pobreza intelectual. Y cuando se intenta reducir en 140 caracteres, más aún. Adolescencia teórica.

Respondamos pues, ¿quiénes somos nosotros? No se trata de entrar en el debate sobre quién es el sujeto histórico –o poner en cuestión la modernidad y el materialismo histórico. Lo que necesitamos es definir cuáles son las clases sociales que están en el conflicto y cómo se establecen las alianzas en torno a un proyecto político de emancipación. El mundo real no está separado entre capitalistas y trabajadores; esa dicotomía nos sirve para entender la lógica de la producción bajo el capitalismo, pero es una abstracción. A nivel concreto, como aparece descrito en el 18 Brumario, las fracciones de clase y las posiciones de clase complejizan la realidad. Yo no le veo utilidad a un marxismo esquemático y reduccionista en el que la gente se siente cómoda en su defensa simbólica pero que no sirve para describir la realidad; yo quiero un marxismo crítico, como el de Marx, que sea útil para entender nuestro mundo –y para poder transformarlo.

Así pues, entendamos que la categoría pueblo puede englobar a diferentes fracciones y posiciones de clase que se alían en función de sus intereses en un determinado momento histórico. Y si tenemos claro que la dinámica del capitalismo aspira a arrasar las conquistas sociales del movimiento obrero, es decir, la Sanidad, Educación y Pensiones públicas, entonces hay que ver cómo nos organizamos tácticamente para defender esas conquistas y empezar a construir la alternativa. No es, insisto, un debate sobre la superestructura –partidos e instituciones- sino sobre la estructura –condiciones materiales de vida. Un ejemplo sirve. Cuando paramos desahucios, no preguntamos a quienes nos acompañan si se sienten ciudadanos, de izquierdas, de abajo, socialistas o anarquistas; sabemos que en el conflicto hay heterogeneidad desde lo subjetivo, pero nos concentramos en las condiciones objetivas. Esa es, a mi juicio, la filosofía. Y es, por cierto, lo que hizo que el PCE de mediados de los años treinta decidiera –a instancia de la Internacional- la conformación de los frentes antifascistas (en ese caso incluso interclasistas).

LR: ¿Cree por tanto que ha llegado el momento de hacer más amplia IU manteniendo el espíritu ideológico que le irradió el PCE?

AG: Sin duda, más allá de diciembre habrá que repensar la izquierda y sus instituciones. En el caso de IU no es nuevo, pues ya en 2009 se estableció la necesidad de refundarse. Aunque no se hiciera. Necesitamos instrumentos políticos al servicio de las clases populares, y ahora mismo la propia gente es la que está diciéndonos que las formas actuales de IU son claramente insuficientes. Pues el objetivo del PCE y de IU es transformar la sociedad, cambiar el mundo, no aspirar a porcentajes electorales minoritarios.

LR: Sabemos que su tiempo es limitado, no le entretenemos más, muchas gracias por concedernos esta entrevista.

AG: Gracias a vosotros.

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Comentarios

  1. “Del no hay alternativa, al no hay escapatoria”, un artículo de Cristina Vallejo, interesante que aborda ópticas desde diferentes autores en infolibre.es. Sin embargo, cuasi todo el enfoque del artículo gira en torno a la UE, Alemania, el €, tal si fueran el centro del mundo, que determinará el futuro de la izquierda y la posibilidad de alternativa.
    Pero tras leer el artículo, su planteamiento es ¿cabe alternativa al austericismo en la arquitectura institucional del neoliberalismo?. Todo ello, respondido desde la inmediatez de los acontecimientos en Grecia, que se comparán con otros momentos históricos como Chile,… .
    Pero dichas respuestas o interrogaciones pierden una referencia base, que nos recuerda hoy la reapertura de una crisis bursatil internacional, antecedida por descensos en consumo-demanda mundial (iniciado con las materias primas). Y nos plantea algo peor aún, ¿Es el neoliberalismo una alternativa viable económicamente?, si la respuesta es no, y no hay escapatoria, la concluiriamos que las políticas implementadas hoy, son austericidas, no sólo por abocar a él, sino por no dejar otro camino.
    Hoy continuamos en la encrucijada que visibilizo la caida de Ledman Brotheer y que no se ha cerrado, ni corregido: el circuito económico sigue alimentado por D-D`, presagiando en un marco de mayor inestabilidad geo-política y debilidad económica, una hecatombe mayor (como decían Stiglitz, Krugman…, la economía ha entra en una época, cuyas tendencias son: estancamiento, con leves repuntes, y mayores crisis cada vez más cercanas entre sí).
    Los pueblos hemos de encontrar alternativa ha dicho suicidio, al austericidio, y en la construcción de las alternativas la realidad institucional de hoy, sea estatal o supra, no es el objeto, ni tan siquiera el sujeto, sino sólo instrumento institucional de políticas sean neoliberales, reformistas o revolucionarias.
    Pero la reflexión que realiza el artículo finalmente sobre el papel de las formaciones políticas, va muy en la línea de lo defendido por A.Garzón: no podemos recoger opiniones como escobas, sino educar en la catarsis del momento para elevar las conciencias (y la vertebración popular).
    Si no explicamos las consecuencias de continuar con las recetas neoliberales y €austericidas, no reuniremos los apoyos necesarios, para actuar por la consecución de una nueva arquitectura del €, o pasar página atrás con el SME anterior al €, como propone Lafonten, u otros métodos de colaboración del sur europeo.
    Ni podremos utilizar la fuerza del mayor chantaje de España con su volumen económico, dinamitar el € para todos, si la posición de nuestros “socios” alemanes es doblegarnos, ni tan siquiera ser justos sin llegar a solidarios.
    Como bien dice Varoufakis, la sola exploración de un gobierno del € (España es la 4ª en volumen económico de su zona) de alternativas para su salida, iniciaría tormentas financieras. Tormentas que requeriran de preparación y apoyo popular, para sostenerlas en los momentos de negociación, estando dispuestos a romper la baraja si las condiciones exteriores -previamente estudiadas- no empeoran nuestra potencia.
    Al menos, podríamos encontrar socios comerciales y financieros, que en el trato político no intervinieran en nuestro hogar patrio.
    Con Grecia nos han dicho, que no hay escapatoria al suicidio inducido o asesinato, al empobrecimiento que devalua nuestra economía, que nos hace un país en vías de subdesarrollo. Y como tal, minimiza las clases medias y precariza la existencia de su mayoría social.
    El capital social de un país, su capacidad de competitividad, requiere del cuidado de sus infraestructuras, así como de mejorar y mantener la cualificación profesional de sus profesionales. Y la transformación que se está operando en España, continua haciéndonos perder potencialidad en términos de capital social, llevando a la migración a nuestros trabajadores cualificados.
    No aceptamos callejones sin salida, y hemos de ser conscientes que supone su aceptación. No planteamos más que recuperar la seguridad existencial de ayer, implementar libertades civiles y democráticas, vivir tranquilamente, tener futuro.
    Pero se han negado, en Grecia, donde much@s mueren como consecuencia del austericidio y su existencia es infravital, muestran la implacabilidad que sólo tiembla ante la fuerza, pero no ante la desgracias humanas.
    Para las oligarquías, las nacionalidades, razas, creencias, orientaciones sexuales, no son una gran diferencia al hacernos confluir como recursos humanos, una mercancia más a discriminar., carne a enlatar en vagones sin rumbo definido.
    Para los pueblos de España y el sur europeo, el objetivo a batir no es el €, ni la UE, BCE o …, sino la austeridad que nos recorta derechos, servicios y condiciones de vida, pero debemos estar dispuestos, a negar también de ser necesario a éstos, si operan como instrumentos del austericidio.

    Saludos.

  2. Estimado Alberto aun considerándome un seguidor incondicional tuyo, no puedo por menos que discrepar, al menos en parte, de tu respuesta en el periódico digital La Republica a la pregunta ¿Qué pasos tendríamos que dar para esa soberanía económica?.
    Estoy de acuerdo en que la salida del euro y volver a la peseta por si sola esta medida, no conduce a la recuperación de la soberanía económica, pero sin ella tampoco es posible conseguirla.
    Es evidente que con la estructura económica actual de España es difícil mantener una moneda propia sólida, tendríamos además, como tú dices, fortalecer nuestro tejido industrial y recuperar las empresas públicas de los sectores estratégicos y una potente banca pública.
    Pero todo esto no es más que un cuento de hadas, sino resolvemos primeramente el problema de la deuda para poder liberar los recursos necesarios para llevar a efecto esta recuperación.
    Actualmente destinamos en los presupuestos generales 38.000 millones para pagar los intereses de la deuda pública que tenemos, que actualmente es de un billón de euros.
    Necesitamos esos 38.000 millones para restructurar nuestra economía, reindustrializar el país, recuperar nuestras empresas y banca pública.
    Medidas entonces que creo yo son necesarias negociar con la CEE:
    No más pagos de los intereses de la deuda, moratoria del pago del principal de la deuda de 8 años, y una restructuración en base al pago de la misma sin intereses en 50 años.
    Pero sinceramente alguien cree que la Troika va aceptar estas condiciones o similares para hacer factible nuestra recuperación y la eliminación de la deuda pública, a juzgar por lo acontecido con Grecia, la respuesta es negativa, más bien al contrario, harán todo lo posible, como han hecho en Grecia, para hundir al gobierno democrático y progresista que se atreva a llevar a cabo este plan o parecidos.
    Todo esto nos lleva a considerar que nuestra permanencia en la moneda única está condicionada por las políticas que nos apliquen y en modo alguno podemos considerar como hace Pablo Iglesias que “nuestra permanencia al euro es incuestionable”.
    Porque lo realmente frustrante para el pueblo es que se le dé la palabra para que exprese su voluntad y luego se haga lo contrario.
    Por último si queremos poner en marcha nuestra industria y banca pública eficientes, tenemos que ser stajanovistas, entendiendo al stajanovismo como la participación y compromiso, (implicación) de los trabajadores de las empresas y banca públicas, dándoles un protagonismo y corresponsabilidad en su funcionamiento, añadiendo a esto la necesaria transparencia a la ciudadanía.
    Nada podemos esperar que nos sea dado sin esfuerzo y menos desde los centros de poder del capitalismo neoliberal.
    La lucha por nuestra emancipación es obra de nosotros mismos.

  3. @Antonio, te agradezco ,de nuevo, la recomendación del manual sobre Historia de la Economía que hace tiempo me hiciste.
    No alcanzo a establecer cual es la base real de la UE, y de la zona €, que la construye como un espacio económico propio, diferente del resto. Pero desde el desconocimiento, o a pesar de él, se evidencia que la convergencia no es su objetivo.
    Así las cosas, una misma moneda-política monetaria-, para gigantes y enanos, es motor de divergencia y desigualdad. Por ello, compart que plantear que la adhesión al €, no puede ser incuestionable.
    Dicha incuestionabilidad implica, no sólo la renuncia a lo dicho por ti, sino también a la redistribución interna de la riqueza. Dado que el austericidio consiste en aumentar la desigualdad entre rentas del trabajo y capital, y la UE neoliberal ya demostrado que utilizará sus armas-€ y Deuda- en su imposición.
    Antonio te agradecería bibliografía sobre las bases reales que sustentan la identidad de la UE, la zona € y el resto del mundo.

    Gracias, y un abrazo

  4. @Antonio, quizás sea abusar, pero si pudieras ofrecer algún-OS texto-s sobre el SME que Lafontene propone recuperar escalonada mente, o\y sus diferencias con el €, te lo agradecería.
    L@s rupturistas, hoy, se encuentran no ante la falta de alternativas, que podrían ser la actualización keynesiana. Sino ante la falta de fuerza política, de primacía de lo político, ante la subyugación de la UE a los oligopolios y su neoliberalismo.
    El principal problema es, que no se vincula necesidad y patrones neoliberales. No se alcanza la conciencia de para sí del pueblo, ante los oligopolios.
    Haciéndose inviable, el cuestionamiento de sus instrumentos, primero el €, y BCE actual, junto a la Deuda. Así el reconocimiento que aludes de Iglesias, no es más que el de su propia debilidad, que arguye sobre los beneficios del € Iglesias?, nada. Nos hablaría de las penas que nos impondrían por salirnos, y de nuestra debilidad para soportarlas. Y subliminalmente, los silencios al respecto son aún más castrantes, pues crean una mitología legendaria del poder del €.
    Por ello el rupturismo esta preñado de concepciones muertas, de un europeísmo solidario inexistente. Y además sufre de acomplejamiento, ya que se ha acostumbrado a los barrotes del € o la UE, y no soporta la idea de la excarcelación.
    Se acepta la idea de la UE, o del € como buenas pero se, como paso o escalón de la visión europeísta e internacionalista de la izquierda. Cuando quizás la actual UE, sea precisamente su negación, y ni tan siquiera sea posible cambiarla desde dentro.
    Con ello, no se defiende la salida de la UE y el €, pero si se cuestiona. Creo recordar que leí un texto del profesor y gestor financiero Max Otte, cuyo título evocaba la ruptura de las reglas y concepciones anteriores a la Crisis.
    Por ejemplo, y abundando en la crítica de Antonio a las respuestas de Albertó. En el segundo supuesto planteado por Garzón en la república, plantea un Alba Sur-Sur. Pregunto, este ALBA es más viable o menos si permanecemos en la UE.
    Y tras releer varias veces las tres opciones de Alberto, a la luz de la crítica de Antonio. He advertido que brinda toda la oportunidad, a la capacidad de chantaje del PIB español que no es el Griego, pero que restando el 2% griego, y dando al propio un 12%, tendría que doblegar al 86% restante (eso sin considerar las debilidades estructurales y sus dependencias, claramente desfavorables). Máxime cuando se acepta que el resto del Sur-Sur está lejos de coincidir, dicho planteamiento es una quimera, de no cuestionar al €, o la propia UE como hacen los británicos.
    En éste razonamiento, las alternativas al austericidio se estrellan contra la UE y su arquitectura normativa e institucional neoliberal. Pero también se estrellan, ante la imposibilidad reconocida de hecho, para ejercer la defensa del E. del bien estar.
    Así llegamos a la posición de Tsipras, gobernaremos para gestionar mejor el austericidio. Hasta tanto no reunamos fuerzas suficientes en la UE, para cambiar las reglas de juego desde dentro, volviendo a la convergencia solidaria y primacía de lo político. Por cierto, tarea a la que curiosamente se dedicará Varoufakis.
    La interrogante es. Aceptando, que no es posible reformar desde un sólo país. Como mantener los apoyos al sacrificio, al que te opones teóricamente. Bajo la promesa de cambiar, cuando sumes más apoyos internacionales.
    Qué significaría?, qué dimitiría de no prosperar dichas posiciones en España? O de mostrarse insuficiente también España?
    Sabéis y sabemos lo que supone, la asunción de la lógica neoliberal, desde la impotencia sí, por la imposición sí, pero generando conformismo en quiénes dirigen, y lo qué es peor, en quiénes las sufren.
    Quizás no haya posibilidades a reformar un sólo país, o sí. Varoufakis defendía dicha posibilidad desde dentro. Quizás la posibilidad sea salirse rompiendo las camisas de fuerza. Quizás la opción sea una alternativa política supranacional, pero que no deja de escaparse de la realidad socio-politica y económica estatal. No lo se, pero es de párvulos de 4años, saber que no puedes ser alternativa política de lo existente, sino alternancia.
    La diferencia está en sí paro, pobreza laboral, desahucios…, se identifica o no con las estructuras que sostienen las políticas neoliberales o no.
    No es cuestión de alternativas, sino de correlación de fuerzas. Si aceptamos que España es más rica que Ecuador, decimos tener más capacidad de acción.
    Aceptar como incuestionables Dioses, con vida propia independiente de l@s humanos, es aceptar sus consecuencias, aunque sea por conformismo con remordimientos. Vuelvo a plantear que nuestro debate, se sitúa sobre la vida real de la mayoría social y sus alternativas. Si sitúan muros, o diques de contención a la satisfacción de las necesidades, finalmente de vincularse al neoliberalismo, la opción será su ruptura, en ese momento más revolución que reforma.
    Desgraciadamente lo de China, viene precedido por las caídas de materias primas, provocadas por la caída de la demanda de EEUU y UE inmersas en una trampa de liquidez. Y sólo anuncian el próximo batacazo de una economía tan dependiente como la española.
    Podemos hipotecar la coherencia, lo que no debemos es generar impotencia.
    De momento no he escuchado un SI SE PUEDE articulado a la UE.
    Si Alemania domina la UE, cual es nuestra alternativa?

    Un abrazo.

  5. Perdonad, donde decía que era de párvulos de 4años, quería decir que no podías ser la alternativa siendo alternancia.

    Saludos

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