Por qué las clases populares no votan a la izquierda y qué hacer para corregirlo

Publicado en Elconfidencial.com

El resultado de las elecciones catalanas ha reabierto un debate clásico en la izquierda política: la cuestión de la afinidad política e ideológica de las clases populares. El hecho de que en los barrios obreros catalanes haya sido primera fuerza Ciudadanos ha hecho disparar de nuevo todas las alarmas. Pero no es la primera vez que sucede. En estas mismas páginas, y también en sus libros, Esteban Hernández han ido destacando partes de este proceso desde hace años. La pregunta que tanto él como otros nos hacemos es la siguiente: ¿cómo es posible que los estratos sociales más bajos, las clases populares e incluso la clase obrera tradicional, esté optando por políticas de derechas como solución a sus problemas?

Lo primero que cabe advertir es que este no es un fenómeno que se circunscriba sólo a nuestro país. En el año 2016 el politólogo Luis Ramiro publicó un estudio sobre la izquierda radical europea en el que se ponía de relieve que no existe una relación directa entre pertenecer a un estrato social desfavorecido y votar a un partido radical de izquierdas. O, dicho claramente, que los partidos de la izquierda radical europea dicen representar a las clases populares pero éstas no se sienten representadas. Este estudio, y muchos otros, han demostrado que el votante medio de la izquierda radical europea no tiene nada que ver con el perfil del votante típico de los partidos de extrema derecha que están ganando peso en Europa y Estados Unidos. Como hemos explorado en otro lugar, el perfil de ese votante es el de una persona desempleada, poco cualificada, muy expuesta a la competencia económica internacional y con sentimientos nacionalistas que se realzan como una forma de protección ante esa situación general de vulnerabilidad. El problema general, por lo tanto, es que la izquierda no está siendo capaz de atraer a las personas más afectadas por la crisis y por la globalización neoliberal, y ese lugar lo están ocupando los partidos de derechas cuyos proyectos, además, tienen en muchos casos un espíritu reaccionario, racista y antidemócrata.

La tesis que defiendo aquí es que el problema no está en cómo representar a las clases populares sino en cómo ser parte de esas clases populares. Durante décadas la izquierda política europea se ha ido desconectando de los estratos sociales más bajos con discursos cada vez menos vinculados a sus problemas cotidianos al tiempo que ha abandonado la construcción de redes sociales en barrios, vecindarios y centros de trabajo. En lugar de eso la izquierda ha concentrado su actividad en la participación en diferentes ciclos electorales y ha basado su crecimiento electoral en los sectores ideologizados de las autoconsideradas clases medias. Mientras eso sucedía, la globalización ha ido transformando las relaciones económicas y de clase en los países desarrollados, empobreciendo a las clases populares y haciendo descender de escalones a parte de la clase media. Este proceso está lejos de acabar. Transitamos hacia una sociedad polarizada, de enormes desigualdades y en la que la izquierda sólo tendrá oportunidad de ganar la batalla a la derecha si es capaz de volver a penetrar en los barrios populares a través de prácticas que conecten con sus problemas cotidianos y materiales. Nuestro mundo se asemeja cada vez más al del siglo XIX que al de la llamada época dorada del capitalismo.

Cómo hemos llegado hasta aquí

Cuando Marx y Engels escribieron sobre la clase obrera en el siglo XIX, ésta sobrevivía en unas condiciones verdaderamente miserables. Además, ambos fueron testigos de cómo los beneficios del crecimiento económico recaían exclusivamente en unas pocas manos, la de los propietarios de las grandes industrias y de los bancos. Y en su estudio del capitalismo llegaron a la conclusión de que esa situación se mantendría o se radicalizaría hasta la revolución. Es más, pensaban que la proletarización de la mayor parte de la población sería inevitable: tenderos, artistas, profesionales y otros trabajadores no industriales acabarían convirtiéndose en proletarios pobres como consecuencia del propio funcionamiento del sistema. Quedaría un puñado de capitalistas y una gran masa, que sería mayoría, de empobrecidos trabajadores asalariados.

Sin embargo, las predicciones de Marx y Engels sobre la polarización parecieron desvanecerse a finales del siglo XIX y, sobre todo, tras la II Guerra Mundial. Gracias a las luchas obreras los trabajadores occidentales consiguieron hacerse copartícipes de los beneficios del crecimiento económico. Incluso aunque ese crecimiento derivara del saqueo y expolio de otros pueblos del mundo mediante la colonización. Ya a comienzos del siglo XX surgieron las tesis de la aristocracia obrera de Lenin y del imperialismo de los autores marxistas que trataban de explicar por qué la clase obrera se estaba “aburguesando” a costa del sudor de los trabajadores de los países colonizados. Pero empezaba también a nacer la llamada clase media, trabajadores que ya no vivían en condiciones de subsistencia sino que aspiraban a ser propietarios de viviendas y de automóviles y que disfrutaban de los servicios públicos arrancados a las clases dominantes a través de las huelgas y la lucha política. El compromiso keynesiano de posguerra consistió en institucionalizar el conflicto capital-trabajo y en repartir los beneficios del crecimiento de la productividad. Pero ahí estaba la paradoja: la victoria de la clase obrera occidental en la conquista de sus derechos supuso también el cambio de agenda de sus organizaciones políticas.

El problema, como señaló Adam Przeworski en su magnífico libro Capitalism and social democracy, es que emergió un dilema político-electoral. Lo que sucedió realmente es que creció la heterogeneidad entre los asalariados, de modo que ahora cabía dirigirse exclusivamente a la clase trabajadora tradicional, que era una minoría, o tratar de incorporar nuevos sectores sociales que no necesariamente tenían los mismos intereses. La primera opción te condenaba a perder las elecciones, y la segunda a desnaturalizarte. La solución natural de la mayoría de los partidos europeos fue la de mantener cierta retórica obrerista al tiempo que se adaptaba el discurso para llegar más allá de la clase trabajadora tradicional. De ese modo, la gran atención de la izquierda política se fue desplazando progresivamente hacia los sectores que más crecían y que además suponían el grueso de los votantes en los sistemas electorales: la llamada clase media. De forma correspondiente, los discursos fueron cambiando y la atención a las condiciones materiales de vida (salarios, pobreza, etc.) fue perdiendo peso en beneficio de las condiciones inmateriales de vida (calidad de la democracia, cuestiones de igualdad horizontal, etc.). No sorprendentemente también el propio marxismo hizo en los años cincuenta y sesenta un giro cultural similar, dejando a un lado la Economía Política –y la temática de la explotación- y priorizando las cuestiones culturales y psicológicas –y la temática de la alienación y la identidad-, como bien recuerda Perry Anderson en Consideraciones sobre el marxismo occidental. Nunca dejaron de existir los trabajadores manuales no cualificados, la categoría más próxima a la clase obrera sobre la que teorizó Marx y que aún hoy representa el 25% de la fuerza laboral en España, pero fueron dejándose de lado.

Qué está sucediendo en las clases populares

Paradójicamente, desde los años ochenta nuestro mundo se va pareciendo cada vez más más al de Marx y al del siglo XIX. La globalización neoliberal ha significado la liberalización del comercio mundial, las deslocalizaciones de las grandes empresas productivas, la privatización de las empresas públicas, la reducción de los sistemas fiscales progresivos y, en suma, el progresivo desmantelamiento del Estado Social. Con dos consecuencias esenciales, una de carácter nacional y otra de carácter internacional.

La primera es que la desigualdad dentro de cada país se ha disparado de nuevo, especialmente si comparamos el enriquecimiento del 1 por ciento más rico de cada país con el resto de la población. Como demostró Thomas Piketty en Capital in the twenty-first century, justo antes de la crisis el porcentaje sobre el total de riqueza del 1 por ciento más rico de Estados Unidos alcanzó los niveles de 1929. Esa concentración de la riqueza había disminuido radicalmente desde la II Guerra Mundial como consecuencia de los mecanismos redistributivos del Estado, pero empezó a crecer de nuevo a partir de los años ochenta. Hay que recordar que en la década de los años cincuenta el tipo impositivo marginal máximo –el tipo más elevado que se paga, lógicamente los ricos- era de hasta el 90% en Reino Unido o Estados Unidos, mientras que actualmente ronda el 40% en esos países. De ahí que David Harvey y otros autores hayan definido al neoliberalismo como la revuelta de las élites frente a los mecanismos redistributivos del Estado Social. O, dicho de otra forma, los ricos se cansaron de pagar los servicios públicos a los pobres y ya no tenían miedo a la revolución, así que organizaron una verdadera contra-revolución para acabar con las conquistas de la clase trabajadora.

La segunda es que la globalización está generando ganadores y perdedores también a nivel mundial, como demuestran los datos del libro Global inequality de Branko Milanovic. Los ingresos reales de las clases populares de Europa y Estados Unidos se han estancado o han caído en las últimas décadas mientras han subido los ingresos reales de las clases medias urbanas de los países asiáticos y sobre todo de los superricos de todos los países del mundo. Dicho de otra forma, la globalización ha aumentado la desigualdad dentro de cada país, entre los poseedores de capital financiero y los trabajadores manuales, por ejemplo, pero también ha provocado que a nivel mundial el salario de un trabajador asiático se vaya pareciendo cada vez más al de un trabajador europeo medio. Esta es, exactamente, una predicción típicamente marxista: el desarrollo del capitalismo a nivel mundial igualaría las condiciones de vida de los trabajadores mientras haría aún más ricos a los propietarios de capital de todo el mundo. Un mundo dividido en clases y no en naciones.

Ambas consecuencias están interrelacionadas. Por ejemplo, no es que la clase obrera industrial haya desaparecido, sino que se ha deslocalizado desde Europa hacia Asia. La incorporación de China e India al mercado mundial es la incorporación de más de 1.100 millones de personas para competir con otras a lo largo de todo el mundo. Esa nueva realidad opera como presión a la baja de los salarios en las diferentes secciones productivas europeas en las que se están especializando los países asiáticos. Por ejemplo, aquellos sectores expuestos a la competencia internacional, por lo general los de menor valor añadido, tienden a tener salarios más bajos. Y España, que está tecnológicamente atrasada, sufre especialmente ese drama. De igual manera, la globalización permite una mayor división del trabajo dentro de cada empresa, con procesos de deslocalización parcial y subcontrataciones, lo que lleva a que algunas empresas ofrezcan salarios muy altos y otras salarios muy bajos. Todo ello aumenta aún más la desigualdad de ingresos entre las clases populares, especialmente las no cualificadas, y las clases altas.

La consecuencia más obvia de estas transformaciones es que las estructuras de clase de los países occidentales, incluyendo España, están polarizándose. La globalización neoliberal está produciendo una nueva división entre ganadores y perdedores a nivel mundial y nacional que está quebrando al estrato intermedio de la sociedad occidental, las llamadas clases medias. Hay quien ha hablado, entre ellos Esteban Hernández, de «el fin de la clase media». Pero más bien lo que está ocurriendo es que la clase media se está polarizando, con sus estratos sociales más altos manteniendo su posición y con los estratos sociales más bajos empeorando la suya. Los análisis del politólogo Pau Marí-Klose para España revelan que durante la crisis en nuestro país la distancia entre la clase media-alta y la clase media-baja ha aumentado.

Y por lo general los estudios económicos demuestran que el elemento clave es la cualificación formal y la estructura productiva. A mayor cualificación, más posibilidades de caer en el club de ganadores, pues se accede a puestos de trabajo más protegidos de la competencia internacional y que reparten más valor añadido. El problema es que la estructura productiva opera como limitante, como sucede con el caso español. Puedes tener a mucha gente muy cualificada pero que no es absorbida por la ausencia de tejido industrial de alto valor añadido, lo que lleva a la sobrecualificación.

Llama la atención, por ejemplo, que otro estudio de Raúl Gómez, Laura Morales y Luis Ramiro revelara que el tipo de votantes de los partidos anticapitalistas tradicionales (como los partidos comunistas ortodoxos de Portugal o Grecia) y de los partidos de nueva izquierda (como Izquierda Unida o el Bloco de Esquerda en Portugal) apenas se diferencian en términos de edad, género, ubicación territorial o conciencia de clase, pero que sí hubiera diferencia en que los votantes de la nueva izquierda tienden a estar más cualificados que los votantes de los partidos tradicionales. En el caso español, en un reciente estudio publicado en 2017, Luis Ramiro y Raúl Gómez encontraron que el tipo de votante de Podemos y de IU tenía el mismo perfil, a saber, el de personas progresistas altamente cualificadas. Este tipo de estudios sugiere que la izquierda radical española está menos conectada aún a los perdedores de la globalización. Sus votantes no son los que más sufren.

Por lo tanto, lo que ocurre en España, como en toda Europa, es que el viejo mundo del compromiso de clase y de una clase media que sostiene el Estado Social está tocando a su fin. Con ella, las ilusiones de amplios sectores sociales que se autoconsideraban de clase media se desvanece. Milanovic, en su ya citado libro, considera que en los años ochenta en España había un 34% de personas situadas objetivamente en la clase media, y que en el año 2010 ese porcentaje era del 31%. Una dinámica descendente que se estaría dando en todos los países, especialmente aguda en Estados Unidos y Reino Unido. Por otra parte, la socióloga Belén Barreiro ha tratado este tema en su libro La sociedad que seremos y desvela que el porcentaje de personas que se consideran subjetivamente de clase media ha descendido desde el 63,4% de 2007 hasta el 52,3% del 2014, cifras aun significativamente altas.

Y es cierto que las políticas neoliberales han causado esto, pero también es cierto que ha sucedido como respuesta a la propia lógica de un sistema capitalista que por su propia naturaleza es global. El ascenso de políticas proteccionistas de carácter nacionalista, como ocurre con la extrema derecha, hay que entenderlo desde esta lógica de defensa frente a estas amenazas de empobrecimiento. En otros casos la ilusión consiste precisamente en mantener la ilusión, esto es, en prometer a los votantes que volverán los tiempos de antaño y que las llamadas clases medias recuperaran su posición. Como si no existieran los 1.100 millones de nuevos trabajadores chinos e indios o no existiera la coerción de la competencia a nivel mundial. Como si quisiéramos ignorar, en definitiva, que lo que está en juego es el lugar de Europa y sus ciudadanos en el sistema económico mundial.

Cómo llegar a las clases populares

Lo importante, a mi juicio, es tener presente que la clase social no es solo una entidad objetiva que puede analizarse en los estudios económicos clasificando a la sociedad a partir de distintos criterios. La clase social es también un constructo social, una identidad, que se va construyendo en la práctica política. La clave es, entonces, cómo se construye clase social o, dicho de otra forma, cómo se consigue unir en un mismo proyecto político a la clase trabajadora que sufre la crisis y la globalización.

Algunas de las propuestas existentes son de carácter discursivo y consisten, fundamentalmente, en adaptar los discursos a las nuevas realidades políticas. Si las estructuras de clase han cambiado, parece evidente que los discursos políticos tienen que adaptarse a esos cambios. Esto es tan obvio que parece insultante tener que repetirlo. El problema es que esto por sí sólo no vale. La construcción de relatos o narrativas, es decir, de historias que intentan atraer a una base social es insuficiente. Además, en comparación con los recursos para contar historias de otros partidos de derechas, financiados por los ricos, las posibilidades de éxito se reducen exponencialmente.

Otras propuestas que se han dado son de ánimo organizativo, como las que sugieren la creación de una cuota obrera que obligue a las organizaciones a tener representantes de esos estratos sociales. Esta idea, recuperada hace poco por Nega y Arantxa Tirado en su libro La clase obrera no va al paraíso, recuerda la extendida prohibición que existió durante mucho tiempo entre los partidos socialistas respecto a la aceptación de militantes de extracción social burguesa. En todo caso, esta idea sería totalmente innecesaria si las cosas se hicieran bien, es decir, si la izquierda fuera de las clases populares y no sólo se limitara a representarla.

La clave, a mi juicio, reside en la práctica material. Y este es un terreno desgraciadamente inexplorado por la izquierda europea actual. Se trata de aceptar que las subjetividades se crean sobre todo en la práctica, y que una organización que reside y está presente en el territorio, o que directamente está situada allá donde se da un conflicto político, es la que consigue convertirse en el instrumento de las clases populares.

Esto es algo que el movimiento obrero del siglo XIX siempre tuvo presente. De hecho, la función principal del SPD era formar a la clase más allá de las instituciones, esto es, en la práctica cotidiana. Como recordaba Antoni Domenech en su El eclipse de la fraternidad en esa red se incluían «grandes sindicatos; cooperativas agrícolas; mutualidades; bolsas del trabajo; ligas campesinas; secciones y círculos socialistas y anarquistas; asociaciones deportivas y recreativas; círculos culturales; muchedumbre de periódico e imprentas; casas del pueblo; ateneos obreros; bibliotecas y teatros culturales; universidades populares; escuelas de formación de cuadros sindicales y políticos; cajas de seguro de enfermedad; cooperativas de consumo…». Los grandes empresarios alemanes tenían absolutamente claro que la fuerza del SPD provenía no tanto de sus votos como de su presencia en la sociedad y de esas vastas redes sociales. El SPD logró el 34% de los votos en 1912 precisamente como consecuencia de esa fuerza. Algo que el fascismo italiano de Mussolini sabía muy bien cuando mandó a los violentos grupos de las camisas negras a destruir el tejido social que el comunismo italiano estaba construyendo en su país.

En la actualidad, cuando nuestro país y toda Europa ha iniciado una tendencia hacia las condiciones laborales del siglo XIX, conviene tener muy presente estas enseñanzas. Y recordar, sobre todo, que la función esencial de una organización política es convertirse en una sociedad alternativa, algo que se consigue siendo parte del tejido social y no sólo tratando de representarlo. Si somos inteligentes en la izquierda europea, comprenderemos que la mejor manera de combatir a la extrema derecha, de ganar las elecciones y de poner en marcha un nuevo proyecto de país es precisamente a través del despliegue práctico y material de nuestra organización en todos los espacios de socialización. Y quizás todo empiece por preguntarnos si realmente nuestro objetivo es representar a las clases populares o ser las clases populares.

COMPARTIR: Facebook Twitter Pinterest Google Plus StumbleUpon Reddit Email

Comentarios

  1. Salustiano Martín González 30 enero 2018 at 15:11 · · Responder

    Muchos de los que no han votado a la izquierda en Cataluña no la han votado porque se sienten traicionados por el sesgo nacionalista de esa izquierda. Muchos de los que han votado a Ciudadanos los han votado por su postura netamente antinacionalista. Cabe la posibilidad de que muchos que han votado a la izquierda en las diferentes elecciones de los diferentes niveles institucionales no la voten en las próximas elecciones, por lo mismo que en Cataluña. Yo mismo.

  2. Son muchas las aseveraciones indiscutibles, versen sobre datos o señalen lagunas a cubrir, que siendo ciertas como la realidad de una fotografía, no explican los principios ordenadores de lo que enseñan.
    De tal forma, la lógica integradora que traslucen las mencionadas aseveraciones –indiscutibles- parecen muy discutibles. Por mucho que se apoyen en realidades fotográficas que como tales enseñan síntomas, consecuencias, causas secundarias, pero no causas radicales o ejes explicativos, principios ordenadores de relaciones e interacciones sistémicas que explican el desenvolvimiento de dichos síntomas fotográficos.
    Contestar dicha lógica implícita con un mínimo de rigor –aún coloquial- ocuparía demasiado espacio. De forma que nos detendremos sólo en algunos aspectos parciales pero reveladores del artículo. Como la idea de que la uniformización de la clase trabajadora por mor de la competitividad internacional, llevará a la igualación de condiciones de los trabajadores, así como a impedir la recuperación de las clases medias (tal si el desenvolvimiento de la historia, tras siglos diera la razón a Marx al respecto).
    Parece que no se entiende o quiere entender, lo que much@s plantearon en las páginas de este blog contestando a quiénes precisamente argüían dicho fallo premonitorio de Marx –para falsar al marxismo-, sobre la depauperación uniformizadora del proletariado. No fueron poc@s l@s que arguyeron diversos razonamientos que explicaban dicho fallo: como el desarrollo de la productividad tecnológica; la diversificación de productos exnovos; y sobre todo la recuperación de la tasa de ganancia por dicha diversificación de productos e industrias. Recuperación de la tasa de ganancia que rompía la LTDTG, base fundante de la premonición sobre la uniformización del proletariado y su depauperación.
    Como vemos, para Marx la base de dicha depauperación no se fundaba en una supuesta competitividad del mercado laboral -fuera nacional o internacional-, sino que el elemento central era una fase de desarrollo de los modos y medios de producción, por ende también de intercambio, que definían a la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancia -LTDTG-.
    No es la competencia internacional del mercado laboral, pues tal cosa no existe. No hay más restricciones en el mundo que las arbitradas al mercado laboral, al desplazamiento de los trabajadores. No en vano, uno de los argumentos principales que animaron al Brexit en Gran Bretaña fue precisamente la protección del mercado laboral propio, que dicho de paso es el mismo discurso que defienden Trump y los ultranacionalismos.
    Cosa bien distinta es el mercado de capitales, ése si podemos decir que está globalizado y cada vez más desregulado. Ahora bien, podría argüirse que la deslocalización fabril es provocada por los menores costes laborales en otras zonas del mundo, o al menos para determinados productos.
    Bien, tal cosa ha pasado siempre, y se han dado respuestas cuando ha interesado para mantener a los mercados laborales autóctonos, ¿qué son sino las ayudas gubernamentales a sectores primarios tanto en Europa, USA, Canadá…? ¿Ayudas a la minería del carbón, a distintos sectores agrícolas, ganaderos, pesqueros…?. Pero quizás la cuestión no está en los sectores laborales, sino en la importancia de mantener sectores productivos primarios y secundarios. Y quizás aquí este parte del cui de la cuestión, se sostienen sectores productivos que pese a su escaso valor añadido comparativo, si tienen valor estratégico o bien son necesarios para la coexistencia en una sociedad dada, concreta .
    Como vemos el proteccionismo no se ha descubierto hoy, aunque al tomar discursivamente rasgos xenófobos e interpretarse en contra de lo ajeno, no a favor de lo propio, aparezca como algo nuevo o más intenso.
    Así, plantear tras hablar del proteccionismo de la derecha o el neoliberalismo que “En otros casos la ilusión consiste precisamente en mantener la ilusión, esto es, en prometer a los votantes que volverán los tiempos de antaño y que las llamadas clases medias recuperaran su posición. Como si no existieran los 1.100 millones de nuevos trabajadores chinos e indios o no existiera la coerción de la competencia a nivel mundial. Como si quisiéramos ignorar, en definitiva, que lo que está en juego es el lugar de Europa y sus ciudadanos en el sistema económico mundial”, es a todas luces negar el futuro. Y negarlo sin fundamento, pues es de todos conocidos el planteamiento económico por el que los bajos costes laborales desincentivan la innovación tecnológica, y parece que tiene sentido. ¿Pero qué ocurre cuando observamos que China encabeza el avance en robotización o automatización productiva, pese a destacar sus costes laborales no precisamente por ser elevados? Simplemente ocurre que las herramientas analíticas de ayer, ya no funcionan, o no funcionan con la precisión de entonces, embotándose cada vez más los filos con los que diseccionar la realidad para explicarla.
    El problema hoy no es la supuesta competitividad de un mercado laboral internacional inexistente, que más quisieran los miles de emigrantes ahogados en el Mediterráneo cada año. Sino que el ritmo de la robotización y automatización cuasi total del proceso productivo en sectores hegemónicos de la economía, incluso generará un problema de desempleo en China, caso de que no arbitren medidas que reorienten la actividad generadora de valor, o las formas de organizar la relación humana.
    La realidad es que estamos asistiendo a una transformación radical de modos, medios y relaciones de producción, con su correlato en el intercambio, lo que en terminología marxiana y de forma más amplia se denomina infraestructura, estructura y superestructura.
    Por último, decir que la disquisición entre ser y representar a las clases populares es muy poética, pero políticamente sólo muestra aspiración de hegemonía –política, ideológica, cultural…-entre dichas clases, intención de otra parte irrenunciable como fuerza política. Pero pensábamos que el post o artículo, pretendía precisamente eso, explicar por qué no éramos hegemónicos entre las clases populares, por qué las clases populares no nos votaban.
    Y ello no se consigue por vías organizativas desprovistas de pulso o alternativa política, pues quedan como eslogan del día. Menos aún se consiguen si dichos discursos o propuestas alternativas, entonan sintonías que por diversas razones, coinciden en el núcleo del mensaje neoliberal de cada día, negar “que volverán los tiempos de antaño y que las llamadas clases medias recuperaran su posición”, “Como si no existieran los 1.100 millones de nuevos trabajadores chinos e indios o no existiera la coerción de la competencia a nivel mundial”; “Como si quisiéramos ignorar, en definitiva, que lo que está en juego es el lugar de Europa y sus ciudadanos en el sistema económico mundial”.
    Esta crítica por sí misma, muestra la esperanza en el debate abierto para llamar a la reflexión sobre no pocos aspectos.
    Sinceramente, debieran darse cuenta que están en otra fase política, los síntomas de la desmovilización, la atención mediática de la agenda setting y otros, debieran ayudarles a comprender lo que decía Iglesias al inicio de su Podemos, de no conseguir gobernar entrarían en otra fase.
    Y a ésta fase no se puede responder políticamente con la simple radicalización, ni orgánicamente volviendo a esquemas de relación política que ya han sido superados, pero tampoco desvirtualizar la horizontalidad transformándola en relación piramidal.
    Decían tuber o no tuber is de question, pero ser es existir y vivir implica moving.
    Moving, all the people moving,
    One move for just one dream
    We see moving, all the people moving,
    One move for just one dream
    Necesitamos un sueño para un pueblo.

    Un cordial saludo.

  3. Respecto al caso catalán, que conozco bien porque lo vivo en primera persona, hay que entender que lo que prima abrumadoramente es el componente étnico-nacionalista y me temo que haga lo que haga la izquierda la ciudadanía no quiere oír (ni le permiten oír) otra cosa que un “alineamiento chovinista” con uno u otro lado, y va a ser inevitable que nos veamos rotos entre los frentes.

    Lamento decirlo pero creo que el régimen del 78 entró en crisis terminal y durante un tiempo estaban abiertas las posibilidades sobre hacia donde iba a ir el “post-regimen del 78″, pero a día de hoy por el efecto del “procés” tanto en Catalunya como en toda España la suerte ya a caído del lado de algo que ya no es el mismo orden anterior pero que es lo contrario de lo que habríamos dehesado.

  4. José Antonio Hoces Ávila 4 febrero 2018 at 19:21 · · Responder

    La desigualdad entre clases es debido a la utilización de los porcentajes a nivel económico
    Es importante buscar otro sistema numérico que subsane las desigualdades que crean los porcentajes.
    Si lo conseguimos no habrá diferentes clases, y no será necesario la lucha de clases

  5. @José Antonio, hace tiempo que se encontraron nuevos sistemas simbólico-numéricos que resolvieron la concepción cultural y social de desigualdad, sustituyéndola por resultados equivalentes a naturaleza. Es decir, no existe desigualdad sino estado natural de los homo sapiens sapiens. Pero sustituir hoy desigualdad por naturaleza, cuando el único constructor natural del homo es humano (social, cultural), y efectivamente la mayoría de nuestros comportamientos, valores, hábitos, costumbres, y formas de relacionarnos (organizarnos e intercambiar o interactuar) son de origen social e históricos, es un oxímoron en sí mismo. Es decir, argumentar que la naturaleza humana es desigual como si fuera algo distinto al desarrollo histórico, es contranatura.

  6. Nada más empezar el primer párrafo, al primer punto y seguido sobre el debate clásico abierto a raiz de que en la elecciones catalanas se haya votado mayoritariamente a C’s, apunto que en esa afinidad que dice, está haciendo un pre-juicio implicito y equivocado. Si hubiera habido una izquierda no nacionalista se lo habría dejado patente. Els Comuns han jugado una ambigüedad seguidista del nacionalismo y de la lengua. Para dejar ese debate, pregunte a muchos que son socialmente de izquierdas pero que no son nacionalistas ni quieren ser inmersionados, ni multados, ni ser discriminados en el acceso a las pruebas públicas, etc. Si Uds. no saben lo que les pasa a los suyos, dice poco a su favor. Algo harán mal. ¿No tienen contacto? ¿Están en la nube?

    Al finalizar ese 1er párrafo comento lo siguiente: Se vota según la percepción que se tiene de la realidad. Esa percepción se conforma gracias a dos vías: una, la que le crean los medios de comunicación del control social o de masas (mccs o mccm), la otra, por su propia experiencia. Y en Cataluña las clases trabajadoras, el área metropolitana, es mayoritariamente castellanohablante y llevan muchoos años discriminadas en negativo, y no sólo por la inmersión. Al respecto apuntar que el primer Govern Pujol hizo un estudio en el que concluía que más del 70% de los catalanes tenían por lengua materna el castellano. Hoy, ya inmersionados, la cosa es otra. Se vive tanto en las escuelas como en el acceso a la función pública. Un ej.: Quicio del milenio. Terrassa convoca para contratar peones. Se presentaron cerca de 100 personas, la mayoría trabajadores en esa categoría, padres de familia; el resto era gente variada de edad y profesiones. La primera prueba era la de catalán. Recordar que esta prueba no puntúa como las demás, no se computa como las otras para hacer la suma final. No, el catalán lo pasas o se acabó. Es decir, el catalán hace de criba. Eso en trabajos donde no hay contacto con el público, dónde no se precisa el habla, salvo que lo hagan los ladrillos o las zanjas, eso sólo tiene un nombre y un sentido. Consecuencia: los trabajadores, los peones, las personas mayores, los padres de familia, las personas que no habían pasado por la inmersión lingüística, fueron expulsadas, y se llevaron el gato al agua las personas jóvenes, ya ¿inmersionados?, la mayoría sin necesidades familiares. Recordar que al principio de la democracia un informe de la Gene de Pujol decía que sobre el 70% de los catalanes tenían como lengua materna el castellano. El tratamiento que han hecho con la lengua es impositiva y muy injusta y, en un aspecto tan esencial y determinante como el trabajo, intolerable y que hay que cambiar. Coge el nº de años en que eso pasa, multiplicalo por el nº de pruebas realizadas en cat y por el nº de personas afectadas.¿Cuántas miles de personas han sido víctimas de ese proceder? Premian al catalán por encima de la profesionalidad y lo pagan muchas personas. Eso sí, castellanohablantes (que callan por la misma razón que no se movilizan -porque se saben, viven la indefensión de las clases subalternas-, pero votan). Los cat han ocupado las Administraciones. Tanto derecho a decidir, pero sólo lo que ellos digan, no dejan a los castellanohablantes decidan. Atenta al principio de igualdad porque discrimina por razón de lengua al sobreponderar, y de qué manera, a una sobre otra. Y en asunto de subsistencia. Pero para los catalibanes, les resbala hasta lo obvio. El derecho a decidir es sólo suyo.

    Y es muy desalentador que los partidos que deberían defenderlos, se vengan a preguntar cosas que demuestran el grado de alienación en que se encuentran respecto a la realidad que viven esas clases. Y son muchos años. ¿No sabe lo que significa vivir inmersionado? Los poderes que sacaron a C’s lo saben. Las izquierdas que no están con los suyos, en Babia. Los catalanes, con Franco padecieron la inmersión, la han aprendido bien la aplican con democrática imposición (como la del golpe de estado formal), a la perfección.

    Al 2º pár: Esa manera de hablar …. Ese “atraer a las personas” es muy … ¿marketiniano? Y me parece una perspectiva errónea. ¿Un síntoma? Es cuestión de llegar, conectar con las personas. Lo que está claro es que la izquierda es incompetente en conocer a “su gente” y en implementar los canales y vías para llegar adecuadamente a ellos. El 15M fue un espejismo cierto, que han malgastado ¿Por qué? ¿Cómo? Ahí un análisis de lo que hacen mal. Menos macro y más micro. Ahí, el nacionalismo, esa arma de las burguesías para torear los temporales (Revolución Industrial, robos personales, sociales y formales, y recapitalización del capital actual) a la vez que se refuerzan y, en su caso, hacerse con rebaño propio, es una variable clave, pero no la única …. Constatada esa incompetencia y seguidismo, y viendo cómo se lo lleva la extrema derecha ¿sabe por qué? Esa derecha es reaccionaria, racista y todos los calificativos negativos que quiera, pero diga también aquellos otros calificativos que hace que las clases trabajadoras les voten. Por cierto, en Cat aún no es el caso. Lo de C’s, y en la línea de lo que ha comentado Salustiano Martín (comentario 1), ha sido fundamentalmente por la cuestión de la lengua y el nacionalismo (la religión infranatural), y porque saben que en lo económico-social no pueden apartarse gran cosa de lo que se viene haciendo.

    A mitad del 3er. pár. hay un cambio de tema importante: sólo apunta el tema del enfoque de la izquierda parlamentaria en lo superestructural relacionado con lo electoral. Sólo cuatro líneas para expresar un tema clave: la desconexión con los trabajadores y dedicarse al postureo formalista, que al estar mediatizado por los mccm, los anula ; deja ese tema decisivo y se pasa a … Lo que no trata es un asunto que depende de esa izquierda, de lo que hacen y dejan de hacer, mientras que sobre la globalización poco pueden incidir.

    Finalizo ese 3er. pár. con: No es cuestión de a qué se asemeje. Estamos en el XXI. Cuando dice “volver a penetrar en los barrios populares a través de prácticas que conecten con sus problemas cotidianos y materiales”, parece acertado, pero el acento lo pongo en lo de conectar, en el de la comunicación. Y eso en nuestro siglo TIC’s, mucho más: no se pueden olvidar el incremento exponencial de las informaciones y sus impactos conforman al ser humano (esto hay que desarrollarlo: incremento exponencial de la información, hiperconectados y durante todo el tiempo … la conformación -el ser humano es información geneticanutrisensoemocognitiva-, en este comentario interesa la inmaterial que recibe, la sensoemocognitiva …..)

    Continúo el 5º par. con: No creo que que la causa sea sólo el discurso, es el discurso y la lejanía, la falta de contacto, de conexión. Respecto al discurso, y más allá de si era el adecuado o no, el tema es que los medios que se utiliza para su comunicación son del enemigo. Por tanto, a la vez que los legitimas,a ellos, ellos te lo chafan, te lo ocultan, le dan la vuelta, etc., etc., siempre ganará el de ellos, el de los poderes. Esa vía debería haber sido “compensada” hace mucho tiempo y, en todo caso, no estar en sus solas manos, en las del enemigo (repito, la información sensoemocognitiva es mucho más que el 4º poder, conforma al ser humano). Y en ésto, la izquierda está ausente, absolutamente dependiente. Sin éstos medios, nada se hará y menos en el s XXI. Respecto al discurso, si no hay ese contacto interactivo, ya pueden ir haciendo discursos que … Os veremos “en la serie” de la tele.

    A la pregunta “Qué está sucediendo en las clases populares” le apunto que es de lo primero que tendrían que tener claro, Por que como vemos sobre el tema de Cataluña, lo desconocen. Porque esa pregunta no debiera trasladar el asunto a las clases populares, sino a la pericia, a la auscultación, al análisis de lo que pasa en la realidad, no en discusiones sobre lo que dice tal o cual apóstol, análisis de la realidad, y los datos se han de inferir del contacto con esa realidad, de la que, como vemos, se está muy lejos. Preguntese por lo que está sucediendo con las izquierdas, que ni en las mejores condiciones objetivas de la historia consiguen nada.

    Al párrafo antepenúltimo apunto: Además de ese análisis economicista, habría que añadir la revolución informacional, de un impacto y unas consecuencias tan graves, que parece mentira que quede fuera de un análisis, por pequeño que sea: es clave, determinante. Porque el ser humano no es según la realidad social que vive (como decía Marx), o no sólo, es según las informaciones nutrisensoemocognitivas que recibe. Y si dejamos la nutricional, las otras informaciones, las informaciones inmateriales, son en un porcentaje nunca visto antes, trasmitidas por los multimedias. Por eso son claves. Hoy una persona puede ser de extracto social bajo y, sin embargo, estar aislado de él y en conexión permanente a informaciones de nivel superior, y viceversa. Y si, además desde la infancia le han metido, marcado, determinados juegos o programas ….
    En el mismo pár. y respecto a la frase “La construcción de relatos o narrativas, es decir, de historias que intentan atraer a una base social es insuficiente”: Soslayamos esa perspectiva que refleja el verbo atraer. La construcción de ese discurso, que incluye valores, información, es necesario. Es necesario pero, como dice, no suficiente. Y ello porque para ser válido, ha de fundamentarse en la impregnación de la realidad de la gente que quiere cambiar. Y además, comunicar los valores, las informaciones que las fortalezca y las desarrolle. Pero no es suficiente. Y no es suficiente porque ha de llegar a todos, en todo momento, en todo lugar, de manera gratuita, y de contenido integral, útil y de calidad … Cuando digo llegar, conectar, no sólo digo que no la rechacen, que no la consideren un cuerpo extraño o ajeno, sino que esté impregnado en lo suyo, así lo sientan y, en consecuencia, la hagan suya. Ello requiere de medios, redes propios (con el alcance apuntado), conexiones, contactos, interacción, si no, los mccm no sólo lo anularán, peor, lo estigmatizarán, como vemos reiteradamente y a lo que no se le dan soluciones.
    Respecto al pár penúltimo, dos aspectos: 1) La extracción social, como una condición de la persona, la influye (ya hemos hablado algo), pero no todas las circunstancias tienen la misma influencia en las personas. Son, como he repetido, las informaciones que ha recibido esa persona, entre las cuales está las procedentes de ese entorno social. Y hay muchos obreros que votan pp, y algunos burgueses que votan izquierda. Igual que si un obrero va a la uni y recibe la materias para titularse en X o ese mismo obrero en vez de a la uni , va al fútbol y recibe embrutecimiento y llega a forofo. Es la interacción de las informaciones geneticonutrisensoemocognitivas.

    Apunta a la práctica como madre del cordero, pero resulta (salvo que se refiera a la practica como la que hace el monaguillo) que la práctica, la acción está precedida de un pensamiento, y éste de unas informaciones que recibe y procesa. Un ciclo donde la practica influye, por no plan catecismo. Así se entiende que cuando dice “la función principal del SPD era formar a la clase más allá de las instituciones, esto es, en la práctica cotidiana”, la palabra clave es formar (información que recibe). Y es lo que de otra manera se expresa cuando habla de la red que le recordaba Antoni Domenech en su El eclipse de la fraternidad: las informaciones que por esa red circulan, se crean, se intercambian e interconectan. Esa es la información inmaterial sensoemocognitiva que conforma a la persona, la hace ser. Y la que transmiten los poderes, embrutece, aliena, engaña, embauca, intoxica, enferma, etc., no impulsa la toma de conciencia, ni de la realidad del aquí y ahora, ni emancipa, ni empodera, ni … Las informaciones que comunican los poderes es para crear súbditos, y de la información realmente liberadora se crea poca, se transmite menos, y a penas si llega a sus destinatarios y, si llega, no comunica, no impacta con su significado porque la realidad del receptor no está en la misma sintonía que los emisores porque están desconectados..

    RESUMIENDO:

    Las clases populares no votan a la izquierda porque su percepción se lo dicta. ¿Cómo, a través de qué medios se crea esa percepción? ¿De quienes son esos medios? ¿Qué informaciones transmiten, comunican?

    Informaciones sensoriales, emocionales y cognitivas recibidas e interactuando => estados anímicos y pensamientos => acciones . Y como de esas informaciones que se emiten y reciben están completamente ausentes, anuladas, las preocupaciones y circunstancias que atañen a las realidades de las clases populares …. Ni los robos, ni los derechos, ni el paro, ni las pensiones, ni la desigualdad, ni los barracones, ni las listas de espera, ni … Allí donde había burguesía, se agarró a hechos diferenciales (todos los son), y con la religión infranatural, el nacionalismo, vistió al santo, la nación. Y cada vez que hay las condiciones objetivas, nos sacan el santo y, ala, todos a la procesión. Y lo ocupan todo, y durante todos los días (años) inoculándotelo. Las penas de los penitentes, en el saco y bien atadas.

    Sin medios adecuados para llegar a todos durante todo el tiempo a todos los lugares (bar, biblioteca, tu casa, tu cama….) y de manera gratuita , con contenido integral … de manera similar a los mccm y en competencia a nivel similar. Hay que focalizar y coordinar la dispersión de Babel.

    Sin contactos ciertos que intercambien, enlacen las realidades que se viven, reales y virtuales, en red, en todas direcciones, interactivos … Ni se comunica lo que esas personas precisan, ni se refuerza la confianza, al revés, se pierde.

    El quid, ¿Cuáles son las características que definen a la información, a la información sensoemocognitiva, que emancipa y empodera y cuáles se le contraponen, crean súbditos? Por tanto, que no fanatice, embrutezca, aliene, intoxique, etc., sino que … ¿Cómo la hacemos circular como sangre, como savia nueva que revitalice y llegue a todos? ¿Su creación? ¿Qué valores? Las palabras, los conceptos ….

Leave a Reply to Pauet

You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>