Por una coherente Ecología Política

Durante el siglo XX un brillante matemático inició, desde un enfoque ecológico, una demoledora crítica de la teoría económica. Georgescu-Roegen tendió puentes entre la economía y la termodinámica y la biología. Inauguró así la Economía Ecológica o, como él la llamaba, la Bioeconomía. Quizás la enseñanza fundamental fue la aplicación de la segunda ley de la termodinámica al ámbito económico, pues nos recordó que la energía al transformarse pierde su calidad y se degrada y ello disminuye sus posibilidades para el aprovechamiento humano. Esta constatación lleva a rechazar el capitalismo como sistema económico viable en el tiempo, pues requiere del consumo creciente de materiales y energía. Y el planeta no es infinito. No es posible, en definitiva, un capitalismo verde. Algunas medidas concretas pueden paliar el desastre medioambiental, y hay que defenderlas. Pero son insuficientes. Una plena concepción del problema, vital, nos hace tan ecologistas como anticapitalistas.

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Comentarios

  1. Estimado Alberto,
    comparto muchos de tus puntos de vista acerca de los problemas de nuestra sociedad, y del sistema actual.
    Pero no conozco cuales son las alternativas que proponéis a dichos problemas.
    Evidentemente, el capitalismo tal como lo conocemos es el origen de muchos de ellos, aunque no sea el único. Pero la alternativa no creo que sea un socialismo a la rusa, y mucho menos, a la china.
    ¿Cuáles son, pues, las opciones que hay, según tu punto de vista?

  2. marimbeta2614 29 octubre 2015 at 16:58 · · Responder

    Es imprescindible buscar la reconciliación de las personas a través de la política. Buscar ese gran equilibrio de las acciones del hombre frente a la naturaleza, es buscar mejores oportunidades de vida para todos en contra de sólo para algunos pocos. Poner a discusión las acciones es parte del compromiso de toda sociedad. Así es como se cambia, con la aportación de todos. Enhorabuena por este post.

  3. PacenseExiliado 29 octubre 2015 at 20:19 · · Responder

    ¿Es el desarrollo tecnológico y/o científico propio del capitalismo y no, como yo creo, una extensión del ser humano? ¿es la contaminación un concepto aplicado a empresas puramente privadas y capitalistas o una consecuencia de la búsqueda de la confortabilidad, objetivo muy humano? Creo que el enfoque capitalista del problema no se sostiene y creo que el ser humano es un planetoparásito en potencia, un depredador a escala cósmica y que no depende de ideologías capitalista-comunista, la URRS, China y EEUU, tan distantes en posiciones ideológicas pero igual de tecnológicas y contaminantes.

  4. RAMÓN SILVENTE 31 octubre 2015 at 11:13 · · Responder

    Abandonar el capitalismo supone eliminar el consumismo, es decir no comprar todo lo recomendado por los medios de comunicación a través de la publicidad. Esto supone un cambio de mentalidad en el mundo occidental difícil de alcanzar en el corto plazo, incluso en el largo plazo. Considero que este cambio solo se puede efectuar a través de la educación des de niños y cambiando el mensaje de los adultos. Visto así y aun estando de acuerdo con tus postulados ¿Como se puede conseguir tan loable objetivo?.

  5. Intentaré proponer una idea y responder a Pablo y a Ramón, todo al mismo tiempo:
    La manera de evitar el consumismo y el crecimiento indefinido como necesidad económica pasa, nos pongamos como nos pongamos, por la colectivización. El comunismo. Sí, ya sé que eso suena muy mal, a la URSS y a China, pero NO, no es ese el objetivo.

    La diferencia crucial es la democracia. Me explico, porque esto no es tan obvio: actualmente, en muchos países, y especialmente en España, la devaluación de la democracia (políticos presionados, seducidos, comprados, corrompidos) es un problema esencial para el manejo de lo público, independientemente de que el sistema sea capitalista o socialista o ni fú ni fá. La mejora del sistema de decisión (qué se hace, con qué inversión, cómo se recaudan los fondos para esa inversión, etc.) es un requisito fundamental para mejorar nuestros sistemas políticos; más aún si queremos alcanzar el objetivo de la colectivización.

    Y ese objetivo es, a mi juicio, la única forma de sustituir competición por cooperación, de desligar el trabajo bien hecho de la ganancia propia, para que pueda pasar a ser ganancia colectiva.

    Por eso, ya estamos tardando en avanzar hacia la democracia líquida (una forma de democracia directa) y empezar a superar la era de los representantes políticos. Algo que un representante decente como A. Garzón probablemente entenderá como una utopía más que vale la pena perseguir.

    Saludos.

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