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Nuestro grupo presenta esta proposición a sabiendas de que va a ser derribada por la mayoría conservadora de esta Comisión. No obstante, nos parece muy interesante poner encima de la mesa este tema para reflexionar sobre el problema al que hace referencia. Partimos de un hecho básico y es que en nuestra economía hay dos problemas fundamentales que no están solucionándose: el primero, es la falta de crédito y, el segundo, la falta de demanda. Las familias y las empresas están altamente endeudadas y no pueden consumir con los ingresos que tienen, derivado de los procesos de desigualdad que han venido operando en las últimas décadas; por otra parte, la banca privada no está haciendo fluir el dinero que está recibiendo de los mercados internacionales de una forma especialmente barata. Por tanto, hay enfrentar estos problemas. Este Gobierno y el anterior ya intentaron hacerlo con reformas del sistema financiero que estamos viendo que son claramente ineficaces.

Nosotros proponemos la existencia de una banca pública. Creemos que si al emerger esta crisis hubiera existido una banca pública los efectos negativos de la misma hubieran sido mucho más reducidos. Pensamos esto porque precisamente la banca pública no opera con la misma lógica que la banca privada. Cuando la banca privada recibe financiación en los mercados internacionales tiene que enfrentar un dilema: si prestar a los mercados financieros internacionales, altamente especulativos, y obtener una rentabilidad muy elevada o, por el contrario, prestar a la economía real en un momento de recesión, lo que significa que su rentabilidad será mucho más reducida. Como la lógica de estas entidades privadas, los bancos, es precisamente la obtención del máximo beneficio en el menor espacio de tiempo posible, la banca privada, de forma natural, por esta regulación actual, lo que hace es prestar a los mercados financieros internacionales. En este aspecto, lo que vemos claramente es que la banca es mucho más realista que el Gobierno, ya que este Gobierno y el anterior se limitaron a pedir por favor a la banca que hiciera fluir ese crédito, cuando realmente lo que necesitamos es cambiar los incentivos que hacen que esta banca privada se vea más tentada de prestar a los mercados financieros, altamente especulativos, antes que a la economía real. En cambio, la banca pública sí lo puede hacer, porque no tiene esa misma lógica de rentabilidad y porque puede dirigir el crédito allí donde considera, desde el Gobierno, desde las instancias que valoran y diseñan el nuevo modelo productivo, que es más adecuado que vaya esa financiación.

Pensamos que la banca pública no tiene que obedecer criterios cortoplacistas ni de especulación sino que, por el contrario, debe obedecer criterios sociales y de cambio del modelo productivo. Hay que tener en cuenta que estamos ante una oportunidad histórica porque con las cajas de ahorro se presenta la posibilidad de poder fusionarlas y crear un fuerte polo de banca pública que nos permita llegar a este objetivo. En este punto nos gustaría señalar que las diferencias entre cajas y bancos suelen ser vistas por el gran público como diferencias en la propiedad: propiedad pública para el caso de las cajas y propiedad privada para el caso de los bancos, cuando realmente la diferencia fundamental no es esa sino que los bancos tienen una predisposición mayor hacia los mercados internacionales y las cajas, sin embargo, lo que tienen es una orientación más territorial y más social, al menos en teoría, porque no podemos dejar de reconocer que las cajas han sido utilizadas como instrumentos políticos al servicio de altos procesos especulativos, especialmente inmobiliarios, que se han producido entre los partidos políticos, determinados representantes de partidos políticos, y lo que podríamos llamar, sin ninguna duda, las oligarquías empresariales provinciales, que han servido para hacer macroproyectos que al final han acabado estallando y llevándonos a esta gran crisis. Nosotros no defendemos el modelo de gestión de las cajas de ahorro sino una banca pública que se caracterice por tener un modelo de funcionamiento claramente diferente; un modelo de funcionamiento que no tenga en cuenta, que no acepte ni tolere la especulación ni en los mercados financieros ni en la llamada economía real, que es la que podríamos tener en el caso inmobiliario. Creo que estamos ante una oportunidad muy importante que se podría aprovechar y que sería una solución efectiva.

Desgraciadamente, creo que la reforma financiera que ha aprobado el Partido Popular no va a funcionar, no va a hacer fluir el crédito por las razones que ya he esgrimido, así que tarde o temprano vamos a tener que volver a este mismo tema y aprovechar que el Estado no puede limitarse a pedir bondad a la banca sino que lo que tiene que hacer es regular, legislar y encontrar y dotarse de instrumentos para enfrentar las crisis económicas y cualquier aspecto económico. Creo que este tema va a volver a surgir en esta misma legislatura y por eso pensaba que era muy importante poner de manifiesto esta cuestión que pone encima de la mesa un modelo distinto entre lo público y lo privado, pero no solo entre lo público y lo privado sino en el modelo de gestionar un instrumento financiero del Estado que es fundamental para nuestras economías modernas.

En la proposición no de ley incluimos una especial mención a lo que tiene que ver con la responsabilidad de la crisis. Creemos que el Banco de España ha tenido una responsabilidad muy importante en la gestación de esta crisis y que tenemos que hacerle responsable, tenemos que investigar adecuadamente para evitar que esto vuelva a suceder. Aquí la banca pública -y termino con esto- tiene un papel muy importante, que es que nos sirve para redirigir este modelo productivo y salir de la crisis ahora, hoy, en el medio plazo, pero también nos permite blindarnos ante futuras crisis que desgraciadamente pudieran surgir en esta economía para que no nos veamos de nuevo como nos vimos en el año 2008, con Gobiernos pidiendo por favor a la banca que prestara dinero, cuando la función del Gobierno no es pedir favores a nadie sino legislar y manejar los instrumentos de la economía al servicio de su ciudadanía. Por eso presentamos esta proposición no de ley.

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