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Subo a esta tribuna para posicionar a nuestro grupo en torno a una cuestión sobre la que otros grupos se han pronunciado y han revelado también nuestras preocupaciones por este real decreto-ley. Compartimos muchas de esas preocupaciones, pero también advertimos que compartimos parte de su filosofía. Por ejemplo, compartimos que el PP por fin, como hizo el 30 de enero, haya vuelto a hablar de ingresos y no solo de gastos, como había venido haciendo hasta entonces, hasta que ha llevado las riendas del Gobierno. Creemos que también acierta al incrementar técnicamente la progresividad del sistema fiscal, aunque consideramos que se queda muy corto. También creemos que se quedan cortas las rebajas del gasto fiscal que supone esta nueva modificación de las deducciones en el impuesto sobre sociedades. Pero el problema sigue siendo el mismo: el sistema fiscal es en la práctica altamente regresivo, y lo es porque hay grandes agujeros fiscales que se refieren al fraude fiscal, a la economía sumergida y fundamentalmente a todo lo que defraudan tanto las grandes empresas como las grandes fortunas, que, según los técnicos de Hacienda y como ya todos sabemos en esta Cámara, representan el 75% de ese fraude. Por eso lo que no comprendemos es que el Partido Popular no vaya a atacar esos múltiples agujeros negros por los cuales se escapa el dinero. Al contrario, lo que hace con esta amnistía fiscal que va inmersa dentro de este decreto-ley es dar facilidades a esos agujeros negros. No solo no se persiguen, sino que se legitiman porque en esta medida lo que estamos viendo es que cualquier amnistía fiscal tiene muchas formas de diseñarse. Hemos visto muchas amnistías fiscales en los países desarrollados y en desarrollo a lo largo de las últimas décadas -por no ir más lejos, en España hemos tenido algunas-, pero que tengan éxito, entre comillas, dependerá de cómo sea su diseño y de cuál sea el contexto económico en el que se inscribe, y no tengo ninguna duda de que podemos decir que esta es la amnistía fiscal peor diseñada posible. Y es así porque lo que hace es perdonar todas las posibles multas asociadas al fraude que cometen las grandes fortunas y las grandes empresas, y además se les impone un impuesto que grava el 10%, cuando Alemania, por ejemplo, lo está haciendo al 46% en una amnistía fiscal también censurable, pero, en cualquier caso, más… (Rumores).

El señor PRESIDENTE: Perdón, señor diputado. Por favor, ruego silencio. Los que tengan que mantener conversaciones que se vayan fuera, vuelvo a insistir, para que se pueda oír al interviniente.

Señor Garzón, continúe.

El señor GARZÓN ESPINOSA: Muchas gracias, señor presidente.

Lo que decía es que el diseño de la amnistía fiscal es determinante para el resultado exitoso o no de esta amnistía en España y lo que estoy diciendo es que la amnistía fiscal del Partido Popular es realmente la peor del mundo porque perdona a todos los defraudadores, legitimando lo que han hecho como delincuentes fiscales y, además, solo les sanciona -entre comillas, les perdona- con un impuesto del 10%, cuando Alemania lo ha hecho con el 46%. Además, si el Gobierno con esa estrategia estuviera jugando aquí al juego del palo y la zanahoria, sería comprensible, pero ¿qué va a incentivar a los grandes defraudadores que ahora se acogen a este plan? Si el señor Montoro hubiera aprobado también un plan muy restrictivo con el fraude fiscal, si hubiera dado recursos a los inspectores de Hacienda y hubiera facilitado y hablado claramente de una fuerte lucha, de un proceso de combate contra ese fraude fiscal, las grandes empresas que están defraudando se verían ante el dilema de acogerse a estas facilidades o esperar y seguir defraudando, pero con el temor de que el Estado se lanzase contra ellas. Pero, como eso no es así, como no existe ese palo dentro de este juego del palo y la zanahoria, las grandes empresas no tienen ningún incentivo para venir a decirnos que eran unos delincuentes fiscales y que se acogen -con un espíritu, podríamos decir, patriota- a este nuevo sistema. Por lo tanto, su éxito en términos económicos es también evidentemente muy limitado por el sistema de incentivos que se genera.

También tenemos que decir que es un problema moral importantísimo, no es una amnistía extraordinaria porque llevamos ya muchas en este país. Por lo tanto, los defraudadores -y ya lo han dicho otros grupos antes- podrán esperar perfectamente a una nueva y futura amnistía fiscal, que, por supuesto, es una condena para quienes sí estamos pagando impuestos. Además, se está incentivando de forma perversa que la gente defraude porque sabe que, si defrauda, el Estado, con esta amnistía, les está lanzando el siguiente mensaje: Defraudar no es tan grave porque yo puedo perdonarte. Eso es completamente inmoral y además es un error económico muy grave porque incentiva y legitima el fraude fiscal.

En definitiva, es una reforma que además no incluye la procedencia de ese dinero que, como decía, se intenta limpiar de forma poco exitosa, porque bien puede ser un dinero defraudado por las grandes empresas en actividades comerciales o bien puede proceder del tráfico de armas o de cualquier actividad de delincuencia más física. Por tanto, creemos que es imposible apoyar este real decreto-ley a partir de las argumentaciones que hemos planteado y que han planteado otros grupos, por lo que, aunque reconocemos ciertos aspectos del avance en la progresividad técnica de esta reforma, entendemos que los principales problemas siguen estando ahí. En consecuencia, nuestro grupo votará en contra del real decreto-ley.

Muchas gracias. (Aplausos).

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Garzón.

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